Salud

Síndrome de Fortunata

Por norma general las afectadas suelen ser mujeres heterosexuales

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Síndrome de Fortunata |

B. García |

El síndrome de Fortunata debe su nombre a la conocida novela Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós. En esta novela Fortunata está enamorada de Juan Santa Cruz, quien está casado con Jacinta. Juan y Fortunata establecen una relación de amantes, deseando Fortunata estar en la posición de Jacinta, pero Juan no está dispuesto a dejar a Jacinta.

Fortunata se termina haciendo prostituta e incluso se casa, pero sigue siendo la amante de Juan durante años al creer que él debe ser su auténtico marido e incluso llega a tener hijos con este, a la vez que sus pensamientos respecto a Jacinta van pasando de la rabia a la admiración y la consideración de que ambas son igual de legítimas, justificando que todo lo hace por el amor que siente.
El síndrome recibe el nombre de Fortunata a una manera desadaptativa, anómala y poco funcional de relacionarse que mantienen algunos sujetos hacia la persona objeto de interés romántico y afectivo-sexual. Se caracteriza por el establecimiento de relaciones de dependencia hacia personas casadas, a menudo estableciéndose en el papel de amante de estas.

Entre las principales características o síntomas del síndrome en primer lugar destaca la presencia de una sensación de profundo enamoramiento hacia la persona objeto de deseo, la cual persiste en el tiempo independientemente de la existencia de una relación actual por parte de este.

Se muestra una profunda lealtad y abnegación hacia ella y es habitual que se considere que la vida sin el enamorado no tiene sentido, con un fuerte enganche hacia el ser amado que puede durar años o incluso décadas.

La dependencia es absoluta, pudiendo ejecutar cualquier acción que el objeto de su amor les pida y siendo capaces de perdonar, justificar o pasar por alto cualquier hecho o mentira de este o esta. Además, únicamente se siente atracción por esa persona y se dejan de lado otras posibles oportunidades y relaciones, incluso pueden llegar a dejarlo todo (trabajo, familia, hogar…) por ello.

En estas personas también se observa la presencia de creencias y fantasías utópicas y extremadamente optimistas respecto a que las cosas cambiarán, que la persona amada terminará junto por abandonar su relación actual para poder estar solos, y suele existir la creencia de que se tiene más derecho a estar junto a él/ella que la que tiene la relación actual. Son frecuentes las ensoñaciones y la focalización en las informaciones que favorecen la presencia de interés por parte del amado.

Con respecto a la mujer u hombre casado con el objeto de deseo, la persona con síndrome de Fortunata mantiene una actitud ambivalente: por un lado la considera una rival a la que desprecia y considera que le está quitando algo suyo, mientras que por el otro lado puede mostrar empatía, admiración o ganas de ser como ella/él. Se considera que es mero azar o mala suerte que el ser amado esté casado y que algo ocurrirá que hará que termine por estar junto a ella/él.

Se trata de un síndrome que no es considerado como un trastorno psiquiátrico o una patología, si bien reviste características que pueden resultar disfuncionales y generadores de gran sufrimiento a lo largo del tiempo. De hecho, pueden llegar a darse características obsesivoides, de personalidad límite o incluso delirantes, y por sí misma implica una relación tóxica entre ambas partes que puede llevar a la aparición de conductas abusivas.

Por norma general las afectadas suelen ser mujeres heterosexuales, si bien puede darse también entre parejas del mismo sexo sea este masculino o femenino. Hay que tener en cuenta que el síndrome no se identifica necesariamente con el hecho de ser un o una amante: es posible que sí se mantengan relaciones afectivo-sexuales, pero también puede ocurrir de manera unilateral.
Posibles causas de esta relación de dependencia
Son múltiples las causas que pueden llevar al surgimiento de este síndrome, y diversos autores han intentado ofrecer una explicación a su origen. Entre ellas, algunas de las más habituales y las que mayor atención han prestado al síndrome son las de tipo psicodinámico.

Se trata de una manera de llevar a la práctica las tendencias masoquistas de quienes las sufren. También se ha propuesto que esta manera de relacionarse es un reflejo de un complejo de Edipo mal resuelto, que provoca una atracción hacia personas casadas como el progenitor del sexo contrario y una relación ambivalente con la tercera persona con la que se compite (la persona del mismo sexo o la “madre” en el caso de la mujer).

Otras hipótesis establecen que se trata de un patrón relacional aprendido, tal como ocurre en la personalidad dependiente habitual, en el que se concibe el autosacrificio y al darlo todo por el otro sin tener en cuenta las propias necesidades como algo virtuoso y valeroso y que debe permitirse y aceptarse todo por amor. Puede surgir sensaciones de pena y culpabilidad por si la separación o el cese de su amor puede generar dolor en el otro.

También es frecuente en mujeres y hombres sometidos a una educación restrictiva y rígida, así como en personas con baja autoestima, inseguridad y necesidad de ser aceptado.

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