Salud

Te odio, pero te amo

La ambivalencia es la subrayada actitud emocional en la cual coexisten los impulsos contradictorios

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Te odio, pero te amo |

B. García |

La ambivalencia afectiva la sufrimos todos en algún momento de nuestra vida, ya que somos seres complejos llenos de emociones, sentimientos y contradicciones. Es un estado en el que es posible sentir alegría y tristeza a la vez, al igual que querer y odiar a una persona al mismo tiempo.

Forma parte del abanico emocional en los seres humanos. En su justa medida, la ambivalencia es considerada adaptativa, puesto que sentir emociones opuestas nos ayuda a tomar decisiones acerca de las dudas que experimentamos, y a enfrentar situaciones que nos generan conflictos. Ahora bien, vivir llenos de contradicciones y de dudas nos genera angustia y malestar.

¿Qué nos lleva a sentir ambivalencia afectiva? ¿Nos influyen los patrones familiares y nuestro aprendizaje familiar?

La ambivalencia se define como un estado de conflicto donde se experimentan pensamientos y/o emociones que en su naturaleza son opuestas. La ambivalencia es experimentada como desagradable al percibir dos emociones contradictorias al mismo tiempo.

En definitiva, podemos afirmar que nuestra forma de relacionarnos con las emociones y nuestros pensamientos están enormemente relacionados con dos elementos fundamentales: el sistema familiar y nuestras propias creencias a partir de nuestro propio conocimiento de lo que nos rodea.

La familia es un sistema que se forma por una red de relaciones que a su vez conforman otros subsistemas. Se la concibe como un todo diferente a la suma de sus partes, que va pasando por un ciclo vital en el que va evolucionando a través de diferentes etapas a las que el sistema se adapta.

Cada familia conlleva implícitas ciertas normas, reglas, patrones, límites y jerarquías que determinan su adaptación y funcionalidad. Un patrón está formado por tres áreas: pensamiento acerca del mundo, emoción de ese pensamiento y, por último, la conducta que llevamos a cabo a través de las dos áreas anteriores. En consecuencia, la educación recibida en nuestro sistema familiar nos trasmite intrínsecamente ciertos hábitos y creencias a las que estamos habituados.

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