Salud

“Los espíritus perversos se apoderan de mi mente”

La palabra paranoia proviene de la raíz griega “para”, que significa “al lado de” o “a lo largo de”; y de “noev”, que significa pensar o comprender

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“Los espíritus perversos se apoderan de mi mente” |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Por: B. García

La paranoia es un estado mental y emocional complejo, del que se habla desde la época de Hipócrates. La psiquiatría convirtió este concepto en un complemento de otros trastornos, mientras que el psicoanálisis lo aborda como una entidad independiente.

 La palabra paranoia proviene de la raíz griega “para”, que significa “al lado de” o “a lo largo de”; y de la palabra “noev”, que significa pensar o comprender. Así que, por su etimiología, la paranoia es algo así como “tener un pensamiento paralelo”. El primero en hablar de ella fue Hipócrates.

Se ha interpretado de una manera diferente en la psiquiatría y en el psicoanálisis. El concepto surgió inicialmente en psiquiatría y, en principio, se le asumió simplemente como una forma de demencia.

Con el tiempo, la psiquiatría descartó este concepto como una entidad diagnóstica; en parte, porque la paranoia comenzó a formar porción de algunos trastornos mentales, en particular de la esquizofrenia. Así, dejó de ser una entidad aparte y se transformó casi en un síntoma de otras patologías. Actualmente, lo que más se le parece es el “síndrome delirante”.

En el psicoanálisis ocurrió algo muy diferente. En principio, Sigmund Freud la abordó como una forma de neurosis derivada de la obsesión. Más adelante, particularmente con el caso Schreber, comprendió que se trataba de una psicosis.

El paranoico interpreta el mundo sobre la base de un delirio. El delirio es una historia poco razonable. En la paranoia, esa historia tiene que ver con una forma de maldad que quiere convertir a la persona en víctima. “Los espíritus perversos se apoderan de mi mente”, por ejemplo. O los marcianos o el diablo.

En ese estado, una persona interpreta los hechos a partir de la historia a la que su mente le ha dado vida. Así, perder un objeto, por ejemplo, sería prueba de que esos espíritus, marcianos o demonios, o lo que sea, están jugando con él o atormentándolo.

Se observa como: “El Otro goza de mí”. Y frente a esto, se siente completamente “pasivizado”. Le atribuye lo que pasa en su vida: “No fui yo, fue el Otro”. Esta creencia y este delirio abarcan desde situaciones relativamente simples, como la celotipia, hasta estados que llevan a consecuencias más graves.

La persona que sufre de paranoia tiene una creencia o convicción que las cosas irán mal. Para hablar de paranoia hemos de observar que la persona reacciona ante una mínima agresión o sobre algún hecho particular que ellos consideren, de forma defensiva. Observamos entonces que estos pacientes:

1.    Se defienden de forma anticipada.

2.    Se defienden exageradamente. Ante una mínima agresión o señal que pueden sentir y la magnifican.

3.    Se defienden contra cualquier cosa que ellos consideran que deben defenderse. Serían personas que hacen como don Quijote que lucha contra gigantes que se imagina porque en realidad son molinos de viento.

Los pacientes paranoicos son de los más difíciles porque no van a reconocer que tienen un problema. De hecho, son los pacientes que más han denunciado a psicólogos y psiquiatras cuando los profesionales han declarado la etiqueta diagnóstica a ellos o a sus familiares. El ataque y la guerra es una constante en ellos, aunque el enemigo puede ir cambiando.

Solamente accederán a venir a consulta o por otro problema, o porque presentan un cuadro ansioso o depresivo importante, o después de una crisis agresiva donde tanto ellos como familiares han sufrido los efectos.

Mel/

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