Salud

Los incompetentes emocionales

La comparación es un veneno para la autoestima. Nadie es como otro. Ni mejor ni peor, es otro

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Cebras |

B. García |

Las personas que nos comparan con los demás destacando lo que nosotros no tenemos y los demás disfrutan, son perfiles con una gran incompetencia emocional. En un mundo de personas iguales, lo más valiente es ser diferente, lo más arriesgado es ser auténtico.

Hay una mala costumbre muy extendida. De hecho, es común sufrirla casi desde la infancia, un lugar donde puede que nuestros padres nos compararan con los demás, destacando lo que otros logran y nosotros no.

También en la edad adulta son comunes las comparaciones por parte de personas que, con buena o mala fe, destacan aquello que los demás hacen o tienen y de lo que, según ellos, nosotros carecemos.

Atreverse a ser diferente parece ser poco más que un desafío en una sociedad que refuerza lo normativo. Es más, en ocasiones ni siquiera nosotros mismos buscamos marcar diferencias respecto a los demás; pero basta con salirse un poco de lo que para muchos es “socialmente esperable” para que al instante alguien nos señale con el dedo.

Nadie es como otro. Ni mejor ni peor, es otro; y las comparaciones son odiosas, decía Jean Paul-Sartre.

Sin embargo, el ser humano tiene como punto débil compararse y comparar a los demás. Parece casi un vicio, una obsesión muy contagiosa que mina el crecimiento personal y destruye identidades.

Porque quien nos compara con otros, y esto lo habremos vivido la mayoría alguna vez, no lo hace para alabar aquello que nos hace únicos y especiales; lo hace para destacar aquello de lo que carecemos, aquello que falla o no es normativo.

La comparación es un veneno para la autoestima. Ya lo es sobre todo si la ejercitamos nosotros mismos, si tenemos la mala costumbre de poner la mirada en nuestro entorno para otorgarnos valor. Ahora bien, igual de dañino es que lo hagan otros, que sea nuestra familia o nuestra pareja quien guste de distorsionar nuestra imagen, potencial o carácter al compararnos con otros.

Quienes nos comparan con los demás presentan por encima de todo una baja Inteligencia Emocional. Debemos tener muy claro este aspecto para no dejarnos avasallar por esta práctica tan común. Así, esas personas que recurren con tanta agilidad al uso de las comparaciones carece de esa empatía con la cual, entender que cada ser es único, excepcional en carácter, esencia, presencia y valores.

Si no entienden esta realidad, no conectan con nosotros. No hay respeto, no son capaces de ponerse en nuestro lugar. Asimismo, otro principio de la Inteligencia Emocional es la correcta comunicación. Dentro de este enfoque algo que siempre se tiene en cuenta es que el uso de las comparaciones no es válido ni aún menos ayuda.

Si queremos llamar la atención a una persona sobre algo referente a su conducta, le hablaremos de su comportamiento sin hacer referencia a terceras personas.

Las personas que nos comparan con los demás, posiblemente, no aprecian lo que tienen. Lo hacen los padres que piensas que los hijos de los demás son más aplicados. Lo hace esa persona que no aprecia a su pareja como merece. Aún más, tampoco nos valoramos nosotros mismos cuando nos comparamos con otros.

Aquellos que nos comparan con los demás pueden también tener otros motivos, que no son otros más que los de manipularnos y minar nuestra autoestima. De hecho, es una táctica común en quienes desean ejercer el control, porque la comparación constante es un ejercicio de humillación y menosprecio.

Para concluir, como podemos ver, esas personas que nos comparan con los demás, carecen de esas herramientas básicas de sociabilidad, respeto y empatía. Evitemos darles poder, no permitamos estas conductas y defendamos siempre nuestra individualidad. Ser únicos, diferentes y singulares es nuestro mejor valor.

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