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La normapatía: El miedo a ser uno mismo

No hay nada tan anormal como obsesionarse por ser “normal”

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Normapatía |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

No somos moldes. No estamos obligados a ser como los demás, a disolvernos como el azúcar en una taza de café. Nuestra individualidad nos hace únicos y valiosos, sin embargo, a diario estamos siendo testigos -y en muchos casos víctimas- de una normopatía muy marcada.

Esa necesidad casi obsesiva de ser como el resto, nos convierte a menudo en objetos dentro de una sociedad claramente material.

Podríamos decir que este fenómeno no es nuevo. Y claramente no lo es. Sin embargo, escritores y psicoanalistas, como Christopher Bollas, señalan que el impacto de la tecnología está cambiando nuestro pensamiento e incluso la personalidad. Lo que vemos en la pantalla de un móvil o un ordenador, por ejemplo, tiene de pronto un poder inmenso y desbordante.

En su último trabajo La vida en la era del desconcierto, busca advertirnos de un aspecto muy concreto. A nuestro alrededor habitan ya un gran número de normópatas. Son personas que no han profundizado lo más mínimo en su propia identidad, que no han trabajado el autoconocimiento y que viven con un solo objetivo: lograr la validación social.

Esta meta pasa por dejar a un lado la propia individualidad e intentar encajar a la fuerza en lo que ellos entienden por “ser normal”. Así, al imitar casi al detalle lo que hacen, dicen o piensan los demás en sus grupos en las redes sociales, de whatsapp o en ese círculo, a menudo cerrado, de amigos o comunidad, obtienen un símil de equilibrio y tranquilidad psicológica.

Salirse de la norma, no poder encajar en ese molde inventado e imposible, les aboca irremediablemente,  un gran sufrimiento. Aún más, en todo normópata habita también un sentimiento perpetuo de melancolía, de vacío existencial. Es la huella evidente de una mente que no se ha atrevido a cortar el cordón umbilical, que no ha logrado desarrollar su valiosa personalidad de manera individual.

Hay algo que resulta curioso. Nos gusta que digan de nosotros que somos únicos y especiales. Sin embargo, la mayor parte del tiempo intentamos ser como los demás, encajar en aquello que es “normativo” y esperable. En caso contrario, si optamos por tener voz propia, por actuar de acuerdo a nuestros deseos y motivaciones no tardamos demasiado en ser señalados.

Albert Ellis, el célebre psicoterapeuta cognitivo, solía decir que la clave de la felicidad está en aprender a ser nosotros mismos en un mundo casi siempre injusto. De algún modo, lo queramos o no, estamos obligados a lidiar con las voces críticas, con las dificultades grandes y pequeñas, y por supuesto con las injusticias.

El normópata, por su parte, no lidia con nada, asume y se deja llevar. Él solo imita, obedece y claudica. Porque la normopatía es terriblemente pasiva y llega a racionalizar y dar por válidos actos y dimensiones que en ocasiones son completamente ilógicas. El doctor Christopher Bollas, por ejemplo, habla del caso de un joven que intentó suicidarse solo porque no era tan bueno en el fútbol como sus amigos.

El término normopatía lo acuñó la psicoanalista Joyce McDougall, una de los referentes más importantes en el campo de la esquizofrenia infantil. En su libro Plea for an Measure of Anormality introdujo esta palabra para definir básicamente, al miedo a la individualidad.

  • Son personas anhelan en todo momento la aprobación social dejando a un lado su propia identidad e incluso su dignidad.

  • Casi sin darse cuenta, acaban creando un falso yo. Es una entidad enfocada solo al exterior, a vivir imantada a aquello que acontece en su entorno más cercano: amigos, comunidad, redes sociales…

  • Así, en un estudio llevado a cabo por Howard Gardner y Katie Davis, señalan que algunos de nuestros jóvenes hacen uso de lo que han definido como “mentalidad app” (mentalidad de aplicación).

  • Algunos adolescentes navegan por sus vidas de la misma manera que navegan en sus aplicaciones: con pocas opciones, haciendo uso de las mismas herramientas que utilizan los demás y evitando riesgos inesperados.

  • La normopatía es sinónimo de sufrimiento. Esto es algo que debemos tener claro. Porque el normópata padece, se siente siempre perdido y vacío. Es un iletrado del mundo emocional y no sabe aún cómo tratar la frustración, la decepción, el fracaso…

  • Su pensamiento es operacional. Esa mentalidad app no le permite reflexionar, y aún menos saber cómo se abre esa puerta hacia un interior no solo descuidado, sino inexplorado.

¿Qué hacemos con la normopatía?

La normopatía es una “enfermedad” que se cura con el ejercicio de la individualidad. El normopático es un individuo que reniega de su vida interior para dedicarse en exclusiva al ejercicio de lo superficial, de lo vacío, de la más insensata imitación hasta convertirse en un objeto. Tarde o temprano llegará el sufrimiento, la eterna insatisfacción.

Será entonces cuando este tipo de perfil estará obligado a solicitar ayuda, a iniciarse en ese viaje donde trabajar autoestimas, identidades, valores y personalidades. Acontecerá el momento en que se cortará por fin el auténtico cordón umbilical, para alzarse como un ser libre con su propia huella, con su propio rumor, cadencia y particularidades. El normópata puede curarse, y lo hará cuando tome plena conciencia de que no hay nada tan anormal como obsesionarse por ser normal.

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