Salud

“Perder un amor duele, pero perder un amistad mata”

Aprendamos a ser selectivos, a valorar las amistades reales, las más mágicas y emocionantes

Perder un amor duele, pero perder un amistad mata
Perder un amor duele, pero perder un amistad mata |

B. García |

Las amistades en muchas ocasiones también caducan, se apagan como la luz de una luciérnaga cuando es descubierta, como el primer viento frío que trae el otoño después del verano.

Hay personas que nos decepcionan, y la herida que deja esa pérdida duele y nos enfada, no hay duda; sin embargo, con el tiempo aprendemos y empezamos a ser mucho más selectivos.

Por curioso que nos parezca, en lo referente a la amistad ocurre lo mismo que en el amor: tenemos los amigos que creemos merecer. Tiene mucho que ver también con la autoestima, con nuestra capacidad de poner filtros y de entender que las relaciones, sean del tipo que sean, son a su vez entidades dinámicas que cambian y mutan como nuestras propias identidades.

Ahora bien, no falta quien afirma aquello de que “perder un amor duele, pero perder un amistad mata”. Es como si de algún modo este vínculo basado en la complicidad, en esa camaradería íntima, espontánea y de alta “nutrición” emocional nos confiriera un sustento igual o más significativo que la propia relación de pareja.

La decepción en una amistad implica tomar una decisión.

Las decepciones, si son provocadas de forma deliberada y repetida, nos dan una pista evidente sobre la calidad humana de esa persona. Actuemos y tomemos una decisión, aunque duela, aunque esa amistad nos haya acompañado media vida o la vida entera, porque si hace daño, si duele y nos quema el corazón, no es amistad.

Aprendamos a ser selectivos, a valorar las amistades reales, las más mágicas y emocionantes. Esas que nos enseñan, nos  aportan y a quienes aportamos, esas que nos ayudan a desarrollar la mejor versión de nosotros mismos.

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