Salud

¿Por qué desconfiamos sin conocer?

Desconfiar de todo y de todos por miedo a equivocarnos de nuevo nos impide vivir en plenitud

Desconfianza
Desconfianza |

B. García |

A veces sucede, desconfiamos de una persona sin conocerla en profundidad. Es como una voz interior que nos susurra “aléjate”, como un viento frío que nos empuja a ir en el sentido opuesto guiados por ese instinto que a modo de resorte biológico, nos pone en estado de alerta.

Este tipo de sensaciones que acarician la superficie de la mente, casi como un dedo gélido arañando nuestra espalda, tienen poco de sobrenatural. Tampoco son un acto de precognición, ni un “radar” de sabiduría adquirido genéticamente por parte de nuestros ancestros. En realidad, son un simple mecanismo de supervivencia.

Queda claro, no obstante, que a veces esta voz interior falla, que las primeras impresiones no siempre aciertan y que hay quien peca en exceso al confiar en su “supuesto” instinto. Ahora bien, si hay algo para lo que está preparado nuestro cerebro es para anticipar riesgos, y por ello, para evitarnos daños físicos o psicológicos, alza este eco sutil arraigado en nuestro subconsciente que nos dice algo tan simple como: “vete”.

Si alguien no nos agrada se debe a una serie de razones concretas, y esas razones están relacionadas con nosotros mismos: quizá porque nos recuerda a alguien que conocimos en el pasado y cuyo patrón comportamental se repite, quizá porque intuimos que sus valores no armonizan con los nuestros o quizá porque nuestra experiencia nos ha permitido saber ya quién es de fiar y quien no…

Sea como sea, lo único que debemos hacer es no dejarnos avasallar por el temor y la desconfianza continua. Toda reacción inteligente tiene como maravillosos componentes la intuición y la reflexión.

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