Salud

Síndrome de Cotard

No tememos a la muerte, tememos que nadie note nuestra ausencia; que desaparezcamos sin dejar rastro

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B. García |

La muerte es algo que muchos temen, pero de ella, no todos tienen miedo a lo mismo. Algunas personas temen desaparecer, dejar de existir en este mundo; otras, simplemente, temen el olvido, porque para ellos el verdadero final se produce cuando dejas de existir en la mente de las demás personas.

Hablando de la muerte física, hay personas que la temen, como hemos dicho antes, y otras personas que la esperan porque piensan que de manera natural ha llegado el momento. Entienden que tiene que suceder y se sienten “preparados” para ese paso.

También están quienes la desean porque viven en unas condiciones que no soportan o piensan que les roban su dignidad.

Existen sujetos que se sienten “muy pocos” y tienden entonces a padecer el llamado Síndrome de Cotard. Un padecimiento que se caracteriza por pensar la persona que ya está muerta.

El síndrome de Cotard es también conocido como el síndrome del cadáver ambulante, delirio de la negación o delirio nihilista, entre muchos otros. Su nombre, Cotard, proviene del neurólogo francés Jules Cotard quien descubrió esta curiosa afección.

Las personas que sufren esta enfermedad no creen que existan y llegan hasta el punto de considerar que su cuerpo está en estado de descomposición o putrefacción. Incluso, que sus órganos internos han dejado de realizar sus funciones. Esta enfermedad no solo provoca esa creencia irreal sino también que la propia persona actúe como tal.

Así, por ejemplo, deja de comer porque no lo cree necesario; no se mueve pues las personas muertas están quietas;  pueden sentir que están siendo devorados por gusanos como resultado de su supuesto estado de putrefacción lo que los hace creer que  están sufriendo.

Las causas de este extraño síndrome se encuentran en el funcionamiento del cerebro. Este procesa bien todo lo que percibe del exterior, pero la respuesta emocional que debería acompañar a este no es la adecuada. Cuando esto sucede, absolutamente todo empieza a carecer de significado.

Quienes padecen esta enfermedad no creen que vayan a morir… según ellos,  ya están muertos.

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