Salud

La congruencia

Quizá ha escuchado el típico comentario: “¡Es un incongruente! Hace una cosa y dice otra, ¡no hay quién le entienda!”

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B. García |

Seguramente muchas veces ha oído hablar de la congruencia y de lo que implica ser alguien congruente o quizá escuchado el típico comentario de “¡Es un incongruente! Hace una cosa y dice otra, ¡no hay quién le entienda!”

Ser congruente está ligado a una cierta transparencia tanto interna (de una persona consigo misma) como externa (en la que uno refleja lo que se ES). Uno no muestra nada más que su verdad, sin camuflajes ni máscaras.

En cambio, las personas que actúan de manera incongruente son aquellas que generan ciertos quebraderos de cabeza tanto para ellos mismos como para los demás. Se alejan de lo que SON, se comportan de una manera diferente a como se sienten o a cómo piensan.

La congruencia es la correspondencia entre lo que uno siente y expresa. Por tanto, podemos definir la congruencia como ese equilibrio que existe entre el estado más visceral de uno (lo que uno siente en sus “tripas”) y la exteriorización que uno hace de ello en su comportamiento, tanto verbal como no verbal. Cuando uno es congruente no existe una falta de sintonía entre lo que uno siente y lo que uno exterioriza.

Las personas congruentes suelen generar confianza en los demás, ya que no muestran otra cara diferente a la que sienten, ni se esfuerzan por fingir o disimular su estado interno. Saben escuchar lo que sienten por dentro y son capaces de aceptarlo, sin engañarse a sí mismos ni a los demás.

Se muestran tal y como son, sin dar otros matices diferentes a como se sienten. Son personas valientes, ya que vivimos en una sociedad en la que no se nos ha enseñado precisamente a mostrar lo que sentimos. Más bien, en muchas ocasiones se nos ha animado desde pequeños a ocultar nuestras verdaderas emociones, a enmascararlas o a incluso taparlas con otras mejor toleradas en esta sociedad.

El problema de ser incongruentes radica sobre todo en la desconfianza que acabamos generando en las otras personas. Cuesta confiar en alguien que actúa de manera diferente a como piensa y cuesta mucho confiar en alguien que se muestra de manera opuesta a como realmente se siente.

Por todo ello es muy importante seguir conociéndonos a nosotros mismos, sin miedos ni reparos en observar lo que hay en nuestro interior. Si aceptamos lo que somos no tendremos necesidad alguna de ocultarlo o negarlo. Piensa que vivir con una máscara puesta es agotador y no crea ninguna relación auténtica con el otro.

Buscar el equilibrio entre lo que uno siente, piensa y hace, es todo un logro que hará que nuestras relaciones sean más verdaderas y auténticas; comenzando por la relación que tenemos con nosotros mismos ya que somos nuestros únicos compañeros de vida desde que nacemos hasta que morimos, lo queramos o no.

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