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El traje del emperador

No se deje llevar por adulaciones exageradas, sino por su buen juicio

Emperador
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Redacción Central |

Hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo, excepto en lo que tenía que ver con su vestuario. Un día oyó a Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, añadieron, tenía la capacidad de ser invisible para cualquier persona que no fuera capaz para su cargo.

Por supuesto no había tal prenda. Los pícaros hacían que trabajaban, pero solo se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin. Sintiéndose algo nervioso sobre si él mismo podría ver la prenda, el emperador envió a dos de sus hombres de confianza a verla. Evidentemente, ninguno de los dos admitió que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabarla. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán tonto era su monarca.

Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse el inexistente traje y el emperador salió con él en un desfile sin admitir que era demasiado inepto y tonto como para poder verlo.

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Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: “¡Pero si va desnudo!”.

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo oyó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.

Que su buen juicio jamás sea nublado por las adulaciones exageradas.

Mel/Bga

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