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La verdad… solo en la minoría

Suele decirse que la verdad siempre triunfa por sí misma porque la mentira necesita demasiados cómplices

La verdad… solo en la minoría
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B. García |

No todo lo que escuchamos es cierto. Lo sabemos y por lo tanto nos tenemos que acomodar a la incertidumbre que esto nos genera. Porque somos conscientes de que tras amables palabras, en ocasiones, se esconden oscuros intereses o sagaces manipulaciones. Por otro lado, también sabemos que no es bueno confundir la verdad con la opinión de la mayoría.

 

La verdad es como un cristal con muchas caras que puede verse desde distintas perspectivas. Mi verdad no será igual a la suya, porque yo veo el mundo a través de mi experiencia personal, de mis emociones, mis sesgos, desde mi subjetividad.

 

A menudo suele decirse aquello de que “el lobo siempre será malo si solo escuchamos a la Caperucita” y si bien es cierto que no es adecuado dar por válida una opinión atendiendo a una sola voz, en ocasiones una única persona alberga en sí misma una verdad auténtica. Es pues necesario saber intuir y discriminar el simple ruido de la noble sinceridad.

 

Las personas solemos tener la sensación de que las ideas que mantenemos y defendemos son la verdad y que hemos llegado a ellas de forma libre. En realidad, dichos constructos psicológicos están determinados por estereotipos.

 

Puede que solo Caperucita nos revele las malas intenciones del lobo, puede que únicamente ella levante su voz sobre el resto, pero como ocurre muchas veces en nuestra sociedad, la verdad siempre suele estar en el corazón de la minoría. La falsedad, por su parte, defendida por las grandes masas, resulta más fácil de asumir.

 

Pensar que la solución a nuestros problemas, así como que la verdad de todas las cosas está en nuestro interior, es sin duda algo complicado de asumir. Nuestra mente está llena de prejuicios, miedos y actitudes limitantes, entremezclados a su vez por ese ruido exterior que nos trae la vida moderna.

 

Tener una fuerte autoestima para saber buscar nuestra propia verdad sin caer en el conformismo, es saber escuchar y empatizar en los demás para  comprender al prójimo igual que nos comprendemos a nosotros mismos y entender así la realidad de todo lo que nos envuelve. Sin miedos y con sentido crítico.

 

La verdad solo está pensada para los valientes, para los que escuchan, para los que se atreven a preguntar y para aquellos que con corazón noble, desean conocer la sensibilidad de este mundo.

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