Salud

Los nuevos alimentos del cáncer

Sushi y arepas principales culpables de alta incidencia de cáncer gástrico

Woman looking at piece of sushi
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Redacción Central |

¿En qué se parecen una arepa asada al carbón y un plato de sushi?

 

La respuesta a esta pregunta la tienen desde hace tiempo médicos gastroenterólogos tanto de las América como del Centro Nacional de Cáncer de Japón (NCC).

 

Los dos alimentos emblemáticos, que a primera vista podrían tener lo mismo en común que un arriero y un samurái, figuran en la lista de principales culpables de la alta incidencia del cáncer gástrico.

 

La arepa tostada, es un gran portador de partículas de benzopireno, un generador de cáncer presente en todos los alimentos asados a la leña o al carbón o cualquier otro método que produzca hollín.

 

El sushi, por su parte, es un hábitat ideal para el Helicobacter pylori, una bacteria cancerígena que sólo se mata cociendo los alimentos, un despropósito para una exquisitez gastronómica que basa su reputación en la amplia variedad de pescados crudos colocados sobre arroz blanco pasado por vinagre dulce.

 

En América y gran parte de Asia, el paciente típico es aquel al que se le descubre el cáncer en estadío avanzado, cuando el tumor ha viajado del estómago, por ejemplo, a otros órganos como el pulmón, el hígado, el páncreas e incluso al útero, en el caso de las mujeres.

 

El éxito japonés en la lucha contra el cáncer de estómago está ligado a su avanzada tecnología médica, pero depende sobre todo de una

rigurosa campaña preventiva que desemboca en el diagnóstico precoz.

 

Al cumplir los 40 años cada residente en Japón recibe un examen gratuito que de forma exhaustiva verifica el estado del aparato

digestivo y receta el tratamiento.

 

Identificar el cáncer temprano aumenta la posibilidad de manejo curativo y está demostrado que el costo baja, el gasto en un paciente terminal, difícil de salvar y con largos tratamientos, puede ser una carga económica evitable para el sistema de salud.

 

El futuro del cáncer en occidente cambiaría si se adopta el sistema preventivo a la japonesa. Sólo entonces encontrar casos precoces y detener la enfermedad a tiempo dejará de ser una mera casualidad.

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