Salud

Ni hiera, ni haga sufrir

Educar es un arte que se teje a través de los afectos, de las emociones y de la inteligencia sutil

corazon
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B. García |

Para enseñar las bellezas de la vida no hacen falta los gritos, las malas palabras o los gestos severos. No hay que sufrir para saber a qué saben las alegrías, de lo contrario, la felicidad nos parecerá poco más que una estrella inalcanzable.

Es posible que su infancia, fuera un escenario marcado por una educación autoritaria y severa. Si es así, sabrá en primera persona que lejos de obtener buenos aprendizajes, lo que se quedó, probablemente, fue la huella de las muchas carencias afectivas, del hueco del cariño y la falta de reconocimiento.

Hay quien siempre gusta de decir aquello de “el mejor aprendizaje lo da el sufrimiento”. En realidad, esta idea es algo extrema y no puede aplicarse a la ligera. El haber sufrido nos enseña sin duda el valor de determinados aspectos, nos ofrece estrategias y nos indica muchas veces qué camino tomar y cuáles evitar.

El aprendizaje de la vida lo va ofreciendo el tiempo y la experiencia, pero si partimos de una base segura, es decir, si partimos desde una infancia saludable, donde si sabemos lo que es construir vínculos fuertes y felices, tendremos un buen tramo ganado.

Enseñar no es sólo trasmitir conocimientos y normas. Para enseñar no hace falta sufrir, ni recibir gritos y reprimendas: enseñar es educar en emociones para ser fuertes en la vida.

La felicidad, el respeto y la alegría también son claves para el aprendizaje de la vida, porque nos enseña a ser fuertes, porque nos hace entender aquello por lo que merece la pena luchar y ante todo, conservar.

Quien no ha conocido la felicidad en su infancia no puede más que ver la vida con algo de desconfianza y temor. El sufrimiento en los primeros años de vida, lejos de enseñar, limita el correcto desarrollo del niño.

A menudo, se desean enseñar a los niños conceptos que ellos mismos pueden buscar en los libros, en Internet y que, seguramente, no les sea útil el día de mañana. Se debe de focalizar en enseñarles a amar, a ser libres, a reflexionar, a conocerse a ellos mismos

Promueva siempre una educación democrática en casa, donde sea posible el diálogo, la comunicación, y donde cada norma sea entendida por el niño. No se trata sólo de imponer, sino de hacer entender que en casa, como en la sociedad y la propia vida, hay límites y responsabilidades.

No olvide nunca que los primeros años de vida de un niño son sus raíces y el modo en que entenderá el mundo el día de mañana. Si hay gritos, si hay miedo, si se siente incomprendido, el día de mañana será un adulto que busque defenderse del mundo.

Atienda el lenguaje emocional de sus hijos, intuya de qué modo afrontan la rabia, sus tristezas, cómo interaccionan con el resto de personas. Propicie un entorno basado en la confianza donde no exista la sanción arbitraria, la burla o la ironía.

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