Salud

La agorafobia

No quiere hablar con nadie, se ha encerrado y creado un mundo paralelo para que nadie le haga más daño

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B. García |

¿Alguna vez se ha sentido imposibilitado de salir de casa?

Las personas que sufren agorafobia, en ocasiones, no logran traspasar el umbral de la puerta. La ansiedad, un miedo fuera de lo normal y múltiples reacciones de su cuerpo, provocan que no puedan poner un pie fuera de casa.

En los casos más leves, estas personas pueden confundir la agorafobia con la claustrofobia, al no lograr habituarse a estar en espacios cerrados o con gran concentración de personas.

Hoy descubrirá cómo es vivir con agorafobia, una enfermedad que muchas personas sufren, pero que pocos conocen.

Vivir con agorafobia es como vivir en una jaula. Esta jaula la creamos con nuestros miedos, nuestros traumas, nuestros problemas de la infancia. Se puede decir que esta jaula en la que nos encontramos es como una fortaleza o esos muros que elevamos cuando alguien nos daña. Así evitamos volver a ser dañados, aunque nos estemos haciendo igualmente daño.

La agorafobia no surge porque sí. Hay motivos muy personales tras cada uno que pueden provocar que desarrolle esta enfermedad. En ocasiones, la agorafobia deriva tras sufrir diversos ataques de pánico, de ansiedad, miedo escénico, entre muchos otros problemas.

Sentirse solo y aislado no es algo agradable, pero es la opción que a veces vemos para huir de nuestros miedos

En los casos más graves, la agorafobia puede surgir a causa de una violación, de abusos, maltratos y otras circunstancias que cursan con miedo y una necesidad de protección.

Es difícil entender cómo es que sea imposible para una persona salir de su propia jaula. La verdad es que ya no solo es una cuestión mental, sino que los síntomas físicos que muestran también son una fuerza que los obliga a regresar a su jaula.

La agorafobia no deja de ser un miedo irracional a ciertas situaciones que se rechazan:

-Miedo de pasar tiempo a solas.

-Miedo de los lugares donde escaparse sea algo difícil.

-Miedo de perder el control en público.

-Miedo al abandono, dependencia hacia los demás.

-Miedo a sentirse ajeno o separado de los demás.

Cuando empieza a sentir que no encaja en este mundo, cuando solo ve dolor a su alrededor, cuando le defraudan constantemente, puede volverse apático, poco sociable, puedes empezar a quedarse demasiado tiempo en casa.

Esto también puede generar que llegado cierto día no logre salir. No tema, el dolor forma parte de nuestra vida y crear una muralla nunca será beneficioso para nosotros. Quizá llegue el día en que queramos derribarla y entonces en ese preciso instante que no podremos.

 

Mel/bga

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