Salud

Desprecio y opresión disfrazados de alabanzas

En público, el manipulador le niega incluso la voz y palabra a su víctima, presenta fuerza y razón constantemente

lobo
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B. García |

Un individuo manipulador trata a los demás como objetos. Esta actitud permite dominar, pero destruye la base del encuentro, el respeto a lo que son las realidades del entorno y lo que están llamadas a ser. Hace ver que fomenta la personalidad de los otros, pero la oprime.

Siendo así:

¿Por qué sus víctimas no lo denuncian o terminan de una vez con ellos?

Existen tres causas psicológicas principales que ayudan a mantener al manipulador en el anonimato:

La indefensión aprendida, el victimismo del farsante y el autoengaño de la víctima. La primera consiste en el estado psicológico producido por acontecimientos incontrolados, cuando el individuo es incapaz de manejar lo que sucede y sabe que haga lo que sea obtendrá el mismo resultado, termina por no dar respuesta y resignarse a su destino.

Una persona maltratada de modo recurrente se vuelve pasiva, pues no cree que su respuesta cambie el resultado, todo lo contrario, cree que empeoraría más la situación.

El victimismo del farsante es la actitud adquirida por el manipulador a sabiendas de que su comportamiento estará respaldado por una especie de inmunidad. Todas las estrategias que utiliza van dirigidas a controlar y conseguir los objetivos que se ha propuesto, siempre de forma encubierta. Este proceso ocurre pasando por varios factores; ante todo anular a la víctima totalmente, para que esta pierda sus referentes y dependa única y exclusivamente de él o ella. Con este fin, juega con habilidad extraordinaria para hacer sentir a la víctima culpable y darle vuelta a la situación.

El autoengaño es el acto de mentirse a uno mismo. La manipulación, la mentira y el engaño han estado siempre presentes en la humanidad. La obsesión del ser humano por conseguir aquello que desea a cualquier precio ha ido in crescendo a través del tiempo, lo que ha dado al aumento de trastornos psicopáticos de la personalidad.

El mayor peligro de engañar a los demás es que acaba uno por engañarse a sí mismo, se despersonaliza el sujeto y se cae en un estado donde ni nosotros mismos nos conocemos.

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