Salud

El corazón nunca envejece

Hacerse mayor es inevitable, pero envejecer es una decisión que toma cada uno

Ancianos felices
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Redacción Central |

Se dice que una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas. La verdad es que nadie envejece por haber vivido una cantidad determinada de años, sino que se envejece cuando dejamos de lado nuestro espíritu y sus ideales.

Es que en el mismo centro del corazón hay un lugar llamado amor. La vida son las hojas que lo envuelven y sus flores huelen a belleza, a esperanza, a alegría y a ilusión por la vida. Juntos construyen un jardín de experiencias que tenemos que cuidar y sanear de vez en cuando, dejando que alcancen su máximo esplendor al cabo del tiempo.

El hecho de haber visto pasar más hojas en el calendario no nos hace menos capaces para amar, para cumplir nuestros sueños o para disfrutar de nuestra vida en pareja. Es cierto que se adquieren determinados vicios o manías que recogen parte de una personalidad que el tiempo ha solidificado, sin embargo, esto no es en absoluto negativo, pues saber vivir con los cambios también forma parte de la edad.

Donde unos ven vejez, otros ven la belleza del paso de los años y es que hay más bellezas que la de los 20 ó 30 años, la de la lozanía, las mejillas sonrosadas y los labios encarnados. Así que olvide las cremas anti-edad, porque hacerse mayor es inevitable, pero envejecer es una decisión que toma cada uno.

No importa si empieza a sumar canas, si ve arrugas en los lugares más insospechados de su rostro o si su cuerpo le pide tregua cada mañana. Lo que verdaderamente importa es que acumule experiencias y saberes, pues es obligatorio crecer y no malgastar ni un segundo de su vida.

El vigor de un espíritu joven no se encuentra solo en una etapa o durante ciertas edades. De hecho, la juventud no es una época, es un estado de ánimo. Nos empeñamos en buscar el elixir de la eterna juventud cuando lo que deberíamos hacer es buscar el de la eterna vitalidad.

Las personas que suman vida a sus años hace tiempo que desterraron el “no puedo” de su mente y saben que, si se lo proponen, la edad no es un obstáculo. Ellos no encuentran arrugas en su corazón, porque el alma no se arruga, sino que crece y se enriquece. Quizás nuestro rostro acabe repleto de las marcas de la edad, pero nuestros ojos seguirán transmitiendo el brillo de quien sabe que la vida está hecha para respirarla.

Nunca pierda la ilusión aunque le falten las fuerzas. Haga que cada año que pasa deje muescas en su piel. Conviértase en un ladrón de segundos para hacer eterno cada momento y no renuncie nunca al placer de recordar.

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