Salud

¿Se hereda la maldad?

Los factores biológicos son de gran ocurrencia a lo largo de nuestra vida

Maldad
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B. García |

Es normal verse al espejo y reconocer rasgos heredados de parientes directos. El color de los ojos, la forma de la nariz u orejas, el tono de la voz, las características físicas que se pueden recibir por vía genética son muchas, pero,  ¿Es posible reflejar aspectos menos palpables? La frialdad de un abuelo, la violencia de un tío o incluso el hambre de sangre de un padre.

En 1870, el doctor italiano Cesare Lambroso, quien se basaba en aspectos netamente físicos para hacer las distinciones entre buenos y malos, consideraba que cualidades como “una gran mandíbula, cuencas oculares profundas y orejas en formas de manija  “eran propias de criminales, salvajes”.

Ya en el siglo XX, los daneses comenzaron a apoyarse en la genética para evaluar esto con un poco más de seriedad: se desarrollaron diversos estudios sobre la criminalidad heredada comparando la vida de miles de gemelos y mellizos nacidos allí desde la década de 1930 en adelante. En líneas generales, estos trabajos, que han nutrido muchos libros de psicología social, indican que en Dinamarca si un gemelo comete un crimen o termina preso, el hermano tiene 50 por ciento de probabilidades de tomar el mismo camino. Para los mellizos, las posibilidades de que ambas partes se adjudiquen un problema con la ley varían entre un 15 y un 30 por ciento.

En un tono un tanto más conciliador, Terrie Moffitt, científico especializado en el comportamiento, opina que, si bien existen más de 100 estudios que evidencian el rol que desempeñan los genes en las diversas expresiones de criminalidad, la tendencia actual está en cruzar variables. Hoy los casos de violencia más resonantes implican una combinación de factores sociales y biológicos.

Más allá de lo que hayan revelado los estudios a lo largo de estas décadas, la realidad indica que existe una gran variedad de parientes que comparten el gusto por la maldad. Aquí es donde aparecen casos como el de los hermanos David y Bryan Freeman, quienes cuando tenían 16 y 17 años de edad respectivamente, abandonaron sus creencias religiosas y torcieron el rumbo para unirse a un grupo neo-nazi y matar al resto de su familia sin razón aparente.

Otro caso escalofriante fue el de los Bender, una familia de Kansas que tenía una taberna en la que asesinaba a sus clientes.

Disímiles historias de familias criminales se escuchan en todo el mundo siendo estos cada vez más escalofriantes, pues el paso acrecentado de la tecnología, la deshumanización de la sociedad y los factores congénitos y hereditarios de cada individuo en particular, dan al traste para la desviación conductual y el aumento de sujetos con conductas criminales.

Solo con la utilización de las profilaxis y el trabajo social desde edades tempranas es posible eliminar gran número de conductas indeseables y frenar la reincidencia, para de este modo ir creando una sociedad cada vez más cercana a los estándares de felicidad.

Es imposible poder eliminar los genes que presenta cada individuo, pero sí es real poder modificar su actitud y conducta aprendida en la sociedad.

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