Salud

Elixir de la felicidad

Las endorfinas tienen un efecto directo sobre nuestro sistema inmunológico, nos fortalecen y protegen

Endorfina
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B. García |

Suele decirse que las endorfinas son esas diminutas hormonas instaladas en nuestro sistema límbico cuyos efectos, son muy similares a los del opio, de ahí que se le llame comúnmente “la droga de la felicidad”.

Esa gran y sabía máquina suele recompensarnos cuando hacemos algo que es correcto y necesario para nuestro organismo, actos tan sencillos como salir a correr o practicar sexo, son actividades consideradas como beneficiosas por las que nos ofrece este compuesto natural y sin efecto secundario alguno capaz de calmarnos el dolor, ofrecernos felicidad e incluso protegernos de enfermedades.

Existen más de 20 tipos diferentes de endorfinas y son capaces de recorrer todo nuestro cuerpo cuando el cerebro manda que sean producidas en la hipófisis. Se trata en esencia de un efecto químico natural por el cual se nos inyecta de una importante dosis de analgésicos con los cuales disminuir nuestro dolor o malestar, tranquilizándonos y haciéndonos sentir bien.

Tienen una vida muy corta, casi  fugaz y son rápidamente consumidas por otras enzimas que a su vez también crea nuestro organismo con el fin de equilibrar nuestro cuerpo y que comprendamos al fin y al cabo, cuándo estamos haciendo las cosas bien.

La liberación de endorfinas tiene un efecto directo sobre nuestro sistema inmunológico: lo fortalece y nos protege, consiguiendo que los linfocitos y otras células nos protejan del ataque de virus y bacterias. De ahí que se suela decir que las personas felices son capaces de hacer frente en mejor estado a las enfermedades.

Existen casos en los que no producimos niveles suficientes de endorfinas, situaciones en las que nuestro cuerpo y nuestra mente dejan de obtener recompensas y nuestro comportamiento empieza a alterarse.

En la mayoría de las situaciones, somos nosotros mismos quienes podemos propiciar que nuestro cerebro nos recompense. Si estamos bajo mínimos en esta “droga natural”, basta con cambiar de hábitos y pensamientos.

Lo bueno de las endorfinas es que podemos tener el timón sobre ellas y abrir esa farmacia interna que custodia nuestro cerebro, hagamos cosas buenas por él y por nosotros mismos.

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