Salud

Sentirse utilizado

Toda relación  requiere de reciprocidad, sin convertirlo en un contrato de: yo doy en la medida en la que me sea dado

Marionetas
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B. García |

Dar y recibir o recibir y dar, ésa es la buena base de nuestras relaciones. Cuando esto no ocurre y solamente damos sin recibir nada a cambio nos sentimos utilizados. Ese sentimiento puede acrecentarse cuando, después de estar siempre dispuestos para alguien, para hacerle sentir bien o facilitarle su vida, somos nosotros los que nos mostramos solícitos y no responden como esperábamos.

Todo esto implica que nos sintamos entristecidos, defraudados, irritables y desconfiados y es que, nos guste o no, uno de los principios más importantes de las relaciones humanas es la reciprocidad.  La misma reciprocidad es un arma de doble filo; confiamos tanto en ella y está tan arraigada en nuestra forma de entender las relaciones que precisamente es la causa por la que llegan a abusar de nosotros y nos utilizan para conseguir lo que buscan.

Cuando sentimos que abusan de nosotros, de nuestra confianza o de nuestra buena fe no es fácil ni reaccionar a tiempo, ni hacerlo correctamente. Esto se debe a que nuestra vida se rige en gran parte por cómo nos sentimos y acabamos comportándonos de la forma que entendemos más coherente. Quizás no hacer ese favor nos hace sentir mal y no se contempla el no hacerlo como opción.

En algún momento nos damos cuenta de que algo está fallando y de que esa relación no nos compensa. Esto nos puede llevar a comportarnos de forma desconfiada y paranoide sin demasiada justificación, lo que a su vez alimenta un círculo vicioso. No siempre que nos sentimos de esta forma estamos siendo utilizados, sino que los demás no reaccionan como nosotros lo haríamos y eso nos desespera y acrecienta este sentimiento de pañuelo desechable.

La confianza, que tan importante es para relacionarnos, es un concepto equívoco para muchas personas y en el momento en el que se traspasan los límites de nuestros derechos podríamos decir que se convierte en abuso. Hay una delgada línea entre el uso y el abuso de la confianza y hay que tener cuidado de no caer en el error de ceder en todo por sentirnos obligados moralmente.

Todo vínculo requiere reciprocidad, sin convertirlo en un contrato de: «yo doy en la medida en la que me sea dado “, la base de cualquier relación es el intercambio. Dar para recibir no requiere devolverlo de la misma forma, pero sí requiere del placer de dar y del placer de recibir. Ambas partes deben sentirlo y transmitirlo para poder experimentar el encanto de sentirse a gusto y no utilizado.

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