Salud

Peligro ante ideales

No se habla de héroes, ni de santos, sino de seres humanos que andan a la caza de una perfección que sólo existe en la mente

Peligro ante ideales
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B. García |

Una de las fuentes de mayor sufrimiento para los seres humanos es la fijación con los modelos ideales. No se habla de héroes, ni de santos, sino de seres humanos que andan a la caza de una perfección que sólo existe en la mente.

El bombardeo es constante, día a día, con una serie de mandatos culturales: “El trabajador ideal es así”, “la madre ideal”, “la pareja ideal”, “los hijos ideales” y hasta “la mente ideal”. Se expresan sin parar sobre todas las fórmulas existentes para que con palabras, se pueda dejar de ser quien es.

Existen una serie de mandatos culturales que pasan desapercibidos porque a primera vista resultan inofensivos y hasta loables. Buscan que funciones, sin problema, para un paradigma al que no le interesan las grandes preguntas humanas, sino que no altere la marcha del engranaje.

También puede resistirse y declararle la guerra al mundo. Secretamente, lamenta la ausencia de intimidad que hay en su vida y se encuentra ante dos opciones: auto-excluirse o “tragar” lo que le dan, soñando con el día en que todo sea diferente.

El peligro de esos ideales es que entrañan contenidos profundamente autoritarios. Algunos modelos de comportamiento le dan a entender que si hay conflicto en su vida algo va muy mal. Como si el conflicto o la contradicción no fueran el barro del que está hecha la raza humana. Te hablan de un estado de felicidad y de armonía que puede y debe alcanzar. Mientras tanto, ellos se hacen millonarios.

Más peligrosos de lo que parecen pueden ser estos modelos, si tomamos en cuenta que millones de seres humanos han muerto violentamente por cuenta de “la raza ideal”, “el Estado ideal”, “la religión ideal” , etc.

La realidad, individual y colectiva, siempre pierde si se le compara con un ideal. Si muerde el anzuelo perderá gran parte de su vida buscando un estado que no existe, en lugar de comprender y dar sentido a lo que conforma su verdadera realidad.

La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara, como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países imaginarios. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación, sin muerte y por lo tanto también sin carencias y sin deseo es completamente inexistente y aburrida.

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