Salud

Síndrome de Salomón

Los padres se separan y el niño debe dividirse entre dos afectos

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Historia bíblica del rey Salomón |

B. García |

Cuentan las historias bíblicas que dos madres peleaban por un niño, disputando cada una que era hijo suyo. Fueron a ver al sabio rey Salomón que decidió, al ver el problema, cortar al niño en dos para repartir a partes iguales. La historia termina con el llanto de la auténtica madre a la que le fue devuelto su hijo, lógicamente, entero.

Infelizmente esta historia la vemos repetida en muchas ocasiones en la actualidad. Los padres se separan y el niño, dividido entre dos afectos, sufre el síndrome de Salomón.

Independientemente de que la separación paternal sea más o menos traumática, el periodo de adaptación desde que se produce la separación hasta que se adquiere una nueva rutina, lleva aparejada un conjunto de alteraciones emocionales y sentimientos contrapuestos para los niños que ven como su estructura familiar cambia drásticamente.

Prestar atención a estos síntomas es la pieza clave para evitar trastornos psicológicos. La comunicación va a ser siempre la clave para mejorar la situación. Especialmente hay algo que nunca puede ser olvidado: los sentimientos de tristeza, abandono o culpabilidad que puedan sentir los niños deben ser expresados y escuchados.

Para un niño pequeño la separación de los padres es vivida sólo como separación física y la suelen sentir como si fuese algo temporal. Con su pensamiento egocéntrico se sienten tremendamente culpables al pensar que ellos han provocado la ruptura.

A medida que el niño se adentra en la adolescencia, su mayor desarrollo intelectual y emocional, le permiten considerar las situaciones producidas y comprender motivos; siguen de todos modos buscando la culpa, esta vez en los propios progenitores o en situaciones externas.

El síndrome de Salomón se produce inevitablemente, pero en manos de los adultos queda que su superación sea más o menos rápida y uno de los factores que marca el principio del fin es cómo los padres se comunican con sus hijos.

No hay un momento idóneo para contarlo. Es verdad lo que siempre se dice: los niños tienen una receptividad emocional enorme y probablemente lleven tiempo captando la incomodidad entre los padres y las discusiones, pero eso no quiere decir que entiendan que la ruptura definitiva va a producirse, así que hay que hablarle expresamente sobre el tema.

Lo más importante es que el niño entienda la separación. No se trata de hacerlo partícipe de culpas, quejas y riñas, sino de que comprenda que los padres ya no se llevan bien y han decidido terminar, potenciando la idea de que nadie tiene la culpa y de que va a ser para siempre.

Una separación es siempre un momento de dolor, pero cualquier situación traumática conlleva una necesaria adaptación. Es en el camino hacia la vuelta a la normalidad en lo que hay que ayudar al niño, de forma que se atenúen en la mayor medida posible los síntomas de este síndrome.

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