Salud

Congeladores afectivos

No es necesario estar solo  para sentir el frío de la soledad envolviendo nuestra mente y corazón

Congeladores afectivos
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LA VOZ DEL SANDINISMO |

En ocasiones, no hay mayor soledad que la de tener a alguien junto a nosotros, alguien que no satisface nuestras necesidades. Que no aporta comprensión, apoyo y ni tan siquiera compañía.

Hoy en día vivimos una actualidad donde las relaciones sociales están cambiando. Las nuevas tecnologías nos permiten interaccionar con muchos sujetos sin la necesidad de tenerlos en persona.

La soledad tiene tantos matices como las necesidades que pueda tener cada individuo. Hay quien se siente realizado con esta dimensión, encontrándose a sí mismo y explorando en su propia personalidad y en sus propias posibilidades.

En cambio, hay quien es incapaz de concebir la vida sin alguien al lado que apoye sus decisiones, al que expresar cada día sus pensamientos y necesidades, pero el matiz más doloroso, es sin duda sentir el pinchazo de la soledad cuando estamos en compañía, cuando vemos que quien está junto a nosotros, no nos aporta nada emocional ni afectivamente.

Todos necesitamos el apego de alguien, el de nuestros padres para crecer y madurar con armonía en nuestra infancia, más adelante, el valor de la amistad y el apoyo al menos emocional, de una pareja.

Cuando el individuo que tenemos a nuestro lado no nos satisface ninguna necesidad y tememos abandonar, es en ese instante que comenzamos a temerle a la soledad. El comenzar a pensar que nadie nunca podrá llenar los vacíos que nos hacen sentir tan infelices.

Vivir con alguien que no sabe, no puede o no quiere aportarnos ese sustento emocional, acabará seguramente destruyendo nuestra propia integridad. En ocasiones, la soledad junto a alguien es mucho más dolorosa que la soledad individual y no hay que tenerle miedo.

La vida es una constante lucha por la búsqueda de la felicidad, es una sola y no podemos darnos el lujo de que otros sujetos nos hagan sentir infelices, por el simple hecho de temerle al abandono o  la soledad. Siempre que se luche sobre la base de la racionalidad y la búsqueda de lo más idóneo para nuestro arsenal emocional, la vida nos sonreirá y cada paso que demos no tendrá reproche alguno.

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