Salud

Supongamos que…

Suponemos, malinterpretamos, personalizamos y hacemos de un grano de arena, una montaña

Suposiciones, alternativas
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B. García |

Realizar una suposición es dar por hecho algo sin molestarnos en buscar pruebas para apoyar nuestro razonamiento. Es buscar una explicación y a continuación, reforzarla con sucesivos pensamientos y comentarios.

El problema es que la persona que supone, generalmente termina creyendo aquel hecho creado por él mismo. Lo más grave es que, en muchos casos, más tarde ni siquiera recuerda el origen de tal afirmación.

Es muy frecuente que una simple suposición generada por la sencilla e inocente costumbre de hablar de los demás termine transformada en un rumor falso y por consiguiente en una mentira.

Suponer puede arruinar la reputación de otra persona, porque aunque se enfatice que está expresando su opinión solamente y no un hecho, cuando su declaración se ha echado a “andar”, lo más probable es que se omita la parte en que dijo que no estaba seguro.

Aunque no comente sus ideas con nadie más, de todos modos puede crear una imagen distorsionada de la persona en cuestión en su propia mente, todo por una simple e inocente suposición.

Las suposiciones no siempre tienen que ver con el comportamiento ajeno. Existe otra clase de suposiciones que pueden convertirse en una gran traba en nuestro propio camino.

Cuando suponemos que no nos va a gustar algo que nunca hemos probado o que no podremos aprender algo nuevo, estamos construyendo una pared que nos bloqueará el paso a nuevas experiencias. A veces asumimos que las tradiciones son ineludibles y que no hay una manera diferente de hacer las cosas.

Esto estimula nuestra creatividad y nos convierte en personas rutinarias y estancadas. Se deben evitar las suposiciones a toda costa, ya se trate de uno mismo o de los otros. En cambio para nuestro bienestar psicológico debemos, verificar, preguntar, averiguar y experimentar.

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