Salud

Síndrome del emperador

Hijos maltratadores, trastorno de conducta que crece a pasos agigantados

Síndrome del emperador
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B. García |

Cada vez se conocen más casos de hijos que maltratan a sus padres, no solo verbal, sino también físicamente. Son precisamente los casos de agresión física los que han disparado las denuncias.

Las estadísticas indican que este tipo de situaciones son más frecuentes entre hombres adolescentes y que las madres son las principales víctimas de ese comportamiento.

Durante el siglo XX la gran preocupación que rondaba el mundo de los jóvenes estaba asociada con lo que se llamó “la revolución sexual”. Todo parece indicar que durante el siglo XXI la problemática gira en torno a los elevados niveles de violencia que han alcanzado las nuevas generaciones.

“Síndrome del emperador”: así terminó denominándose a ese conjunto de rasgos que conforman a un hijo maltratador y es que pareciera que hay algo en ellos que los lleva a permanecer sintiéndose el centro del mundo. Ejercen una suerte de poder sobre sus padres, como si estos últimos fuesen sus subalternos o en todo caso, dependieran de ellos.

Los hijos maltratadores son narcisistas. Piensan que sus deseos y necesidades son más dignos de atención que los de cualquier otro mortal sobre la tierra.

Suelen ser bastante obstinados y a la vez, muy poco perseverantes con sus proyectos personales. De hecho, les cuesta mucho trabajo trazarse un plan y seguirlo hasta el final. Para ellos el asunto va más por el lado de los caprichos: quieren algo y lo quieren de modo súbito, pero no buscan lograrlo, sino que alguien se los dé, tienen cero en actitudes. Una vez obtenido, casi siempre dejan de desearlo rápidamente.

Son bastante insensibles. Carecen por completo de empatía: no saben, ni les interesa saber, qué se siente en el lugar de otro, les colma la desconsideración.

Generalmente están invadidos de angustia. No encuentran un Norte y tampoco desarrollan valores. Por eso mismo, agredir a sus padres no les parece ciertamente reprobable. “Se lo buscan”, diría.

En los casos de hijos maltratadores casi siempre hay algunos antecedentes de educación, que repercuten en la indolencia frente a sus padres. Por lo general, provienen de hogares en los que se alternaba la sobreprotección (entendida como control extremo) con la sobreexigencia. Probablemente había críticas severas frente a su comportamiento y luego, como para aligerar los excesos, se imponía la permisividad.

También es frecuente su procedencia de familias con altos índices de violencia, en los que el castigo físico era considerado una práctica “normal”. Tan “normal” que los chicos aprenden a asumirlo como norma para tramitar diferencias y conflictos.

Hay quien califica a estos jóvenes como una especie de “analfabetos emocionales”. No saben qué hacer con lo que sienten, porque nunca fueron educados para entenderse a sí mismos, ni para ejercer control sobre sus emociones.

Indudablemente, detrás de un hijo maltratador hay una crianza con serias deficiencias. La mala noticia es que no es nada fácil erradicar esos patrones de comportamiento.

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