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Fantasías sexuales

Las fantasías tienen una importancia relativa, si partimos de la idea de que no hay fantasía sexual mala siempre que funcione

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Fantasías sexuales |

B. García |

Fantasear no es una actividad exclusiva de los niños y ni de los adultos que parecen niños. Afortunadamente, es una capacidad que tenemos todos los seres humanos y que podemos utilizar a lo largo de nuestra vida. Es sencillo, a grandes rasgos, solo hay que dejar correr la imaginación. Así, imaginando otras realidades, podemos vivir experiencias de todo tipo, lo que únicamente en nuestro cerebro.

En el plano sexual, de una forma privada y personal, podemos ser capaces de dejarnos llevar por nuestros pensamientos eróticos y entrelazar mente, cuerpo y emociones, pudiendo vivir experiencias tremendamente placenteras e incluso, llegar a desencadenar la respuesta sexual.

Solo hay que encontrar y apretar el botón de ON de las fantasías.

El desarrollo de las fantasías parece estar muy relacionado con el desarrollo sexual y a su vez, con las experiencias que se van viviendo, la cultura y las informaciones que se van recabando con respecto a la sexualidad a lo largo de la vida.

Es importante pues, ir llenando el cajón de nuestras fantasías con todo lo que nos estimule. Hay que buscar fuentes de inspiración, que coloquen los sentidos de la persona justo en la casilla de salida del camino de lo erótico, siempre dispuestos a buscar el placer.

-Existes dos tipos de Fantasías sexuales mayormente.

-Las fantasías noveladas: se desarrollan como una verdadera historia, con personajes y relaciones entre ellos. Los papeles del protagonista, por lo general varían desde la dominancia, donde el poder y el control son los elementos característicos, hasta un dulce y bonito papel de amado, donde el cariño, la intimidad o la atracción espiritual, son los predominantes. También pueden darse papeles de víctima, donde el miedo o incluso la violencia hacen aparición; de salvaje, entendiéndose éste como un papel libre, sin poder, ni control de objeto de deseo o simplemente de voyeur.

– Fantasías no noveladas: Estas fantasías están totalmente unidas a las capacidades sensoriales que tenemos los humanos. No son historias como las anteriores, sino que son estímulos visuales, auditivos, táctiles, etc., los que nos provocan placer al imaginarlos en la mente.

Las fantasías tienen una importancia relativa, si partimos de la idea de que no hay fantasía sexual mala siempre que funcione. Si la fantasía es capaz de activarle, de sugerirle, de hacerle sentir placer, esa fantasía funciona. ¡Utilícela y mucho!

En determinadas ocasiones las fantasías pueden ser motivo de preocupación o pueden dificultar la intimidad de la persona, en cuyo caso se vuelven fantasías perturbadoras o intrusivas. Este tipo puede ocurrir cuando la propia fantasía se encuentra en contradicción con la realidad de la persona o cuando la fantasía hace perder el sentido de control del individuo que la está viviendo; puede ser aquellas que mantiene o refuerza conductas negativas o incluso peligrosas.

En estos casos, es bueno y tranquiliza saber que las fantasías se pueden modelar a gusto del consumidor. Por tanto, se puede desechar esa fantasía y buscar otra.

La mente es el motor más importante de activación sexual. Usar el potencial que nos brinda la capacidad de fantasear puede ayudar a enriquecer y disfrutar más de la vida sexual, ya que actúa directamente en el incremento del deseo sexual. Fantaseando se pueden vivir experiencias que puede que en la vida real no se puedan o no se quieran vivir, pero experimentadas en la mente, reportan un enorme placer.

Son una fuente de mejora de la autoestima y del atractivo personal. Por lo general, las fantasías permiten centrarse en los detalles más sexy, pudiendo evitar críticas ajenas y autocríticas.

Ayudan a ensayar posibles prácticas futuras o pueden servir para conservar recuerdos  pasados agradables o para superar algunas limitaciones del presente.

Es una técnica sencilla, divertida, creativa, que está al alcance de todos. Cuanto más se practica fantaseando, más sencillo es desencadenar el bienestar, el placer e incluso, la respuesta sexual.

Son demasiadas las cosas buenas aportadas por esta práctica como para no plantearse el fantasear.

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