Salud

El corazón, el miedo al desempeño y la disfunción eréctil

Casi todos los hombres que sufrieron infartos vivieron al menos un episodio de disfunción eréctil en los dos o tres años anteriores

Disfunción eréctil
Relacionan a la impotencia con las enfermedades cardíacas |

Redacción Central |

La hombría y el miedo al desempeño han llevado a muchos hombres a callarse ante una disfunción eréctil o no la consideró un síntoma importante de que algo fallaba en su sistema cardiovascular y luego vino el infarto, escribe Mileyda Menéndez Dávila, en el diario cubano Juventud Rebelde.

Estudios internacionales confirman que casi todos los hombres que sufrieron infartos vivieron al menos un episodio de disfunción eréctil en los dos o tres años anteriores, pero la mayoría guardó silencio, agrega.

Quien ha sufrido una angina, un infarto o una operación quirúrgica del corazón, debe esperar varias semanas antes de retomar su rutina vital sin que el esfuerzo resulte peligroso.

Esta es una situación muy seria, pero no obliga a encerrarse en una burbuja, mucho menos cuando se ha tenido una vida sexual activa y placentera, recomienda.

Si hay dudas sobre cuándo arrancar, con qué prácticas y a qué ritmo, lo mejor es hablarlo en la consulta de seguimiento, preferentemente con participación de la pareja para que ambos sepan qué pueden ir haciendo paulatinamente y cuáles son las señales de alarma y las medidas de precaución, recomienda.

Hay signos que indican cuándo el corazón se está excediendo y es mejor detener cualquier actividad al instante, pero tratándose de sexo hasta al ser más obediente le es difícil soltar las riendas o confesar que “mejor lo dejamos para otro día”.

Es obvio que el retorno erótico no puede tomarse con desafuero y lo recomendable en este caso sería practicar un estilo más sensual, reposado, que estimule intensamente todos los sentidos sin agitar mucho al cuerpo, como lo que propone el milenario sistema del Tantra.

La receta pudiera ser hacer el amor al despertar en la mañana o tras una siesta vespertina, cuidar el entorno y evitar las comidas copiosas, los cambios bruscos en la temperatura ambiente, el alcohol y las posturas demasiado imaginativas que alteren el ritmo cardiaco.

Aún así hay riesgos, sobre todo cuando no se dominan las técnicas respiratorias para canalizar estímulos durante la fase de excitación y de orgasmo, publica el rotativo.

Si durante el día se ha sentido presión o dolor en el pecho, mareos, vértigos, náuseas, pulso irregular y rápido o dificultad para respirar, lo mejor es posponer el plan erótico y aprovechar la cama únicamente para descansar, y lo mismo vale para otras piezas de la casa.

A lo mejor, el malestar responde a efectos secundarios del medicamento y también por esta causa pueden aparecer problemas con la erección o el deseo, lo cual exige atención interdisciplinaria para explorar las diversas opciones terapéuticas, desde masajes relajantes y psicoterapia de pareja hasta el sildenafilo, píldora que ayuda a la irrigación sanguínea, pero no hace milagros.

El sildenafilo además interfiere con algunos fármacos por lo que se hace imprescindible escuchar un criterio especializado y no emplearlo por cuenta propia.

Otra medida rehabilitadora es aprender a “bañarte con quimbombó”, como se dice en buen cubano, aconseja Menéndez Dávila, para significar que el problema debe dejarse resbalar, es decir, identificar lo que antes te alteraba o disparaba tu presión arterial, analizar críticamente hasta qué punto está en tus manos cambiar la realidad y tomar las cosas con otra filosofía para adaptarte a las circunstancias y sobrevivir sin perder el humor.

La otra cara de esta moneda es cuando ya la persona tiene luz verde para intimar a plenitud y aún no se atreve por miedo a que su cuerpo no responda igual o que el episodio agudo se repita que “el amor no lo reflejo como ayer”, como dice el músico cubano Pablo Milanés en una de sus composiciones.

El mal rato sufrido, la dependencia de la atención ajena y hasta el impacto de saber que los años no pasan por gusto y las malas elecciones, siempre se pagan en efectivo y pueden generar una depresión emocional que no es consecuencia directa de la patología cardiaca, pero la hace más compleja, comenta Menéndez Dávila.

Manejar este desafío requiere herramientas que se adquieren en diversos espacios, desde una consulta clínica llevada con total franqueza hasta talleres comunitarios de promoción de salud.

Así se aprende que lo ideal hubiera sido prevenir el daño, pero nunca es demasiado tarde para sanear la rutina y aprovechar las oportunidades de vivir pensando desde y para el corazón, concluye. (Redacción Central-Voz del Sandinismo-Agencias de Noticias)

también te puede interesar