Salud

Asesinos psicológicos

Los agresores intentan atraer a los demás hacia su propio nivel o registro, para conducirlos luego a pervertir las reglas

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Redacción Central |

Las personas a lo largo de su vida crean y mantienen relaciones que resultan estimulantes, ya que se incitan a dar lo mejor de ellos mismos, pero también se puede llegar a mantener otro tipo de relación, de desgaste, colocando al individuo en una situación de tensión constante e intoxicándolo.

La violencia, maltrato psicológico o acoso moral, puede llegar a hacer pedazos a una persona, produciendo un asesinato psicológico en toda regla.

¿Cómo ocurre esto?

El proceso de violencia se caracteriza por ser complejo, ya que es enmascarado, íntimo y cerrado. Es como si fuera una violencia limpia porque nadie ve nada, solo las víctimas identifican las huellas de las insinuaciones que lleva a cabo el agresor, el cual prefiere destruir indirectamente o que la víctima con el paso del tiempo lo consiga sola.

La hostilidad se encuentra presente constantemente, tras la apariencia de pequeños toques diarios o semanales, durante meses e incluso años, a través de un tono frío, que la víctima reconoce sin equivocarse. Si esta responde a la provocación con una subida de tono, si hay individuos alrededor, les parecerá como la agresiva, aprovechando en este momento el agresor para adoptar su posición de víctima, pero si la víctima planta cara al dominio, la estrategia perversa se revela con total claridad, aunque esta se arriesgue a ser odiada.

Aparece así una fase de odio del agresor hacia su víctima porque esta reacciona intentando establecer unos límites y en mayor medida su libertad. Así cuando la víctima es capaz de expresar aquello que siente, el agresor lo que quiere es hacerla callar. Escudándose este en una armadura de sarcasmos con armas como los golpes bajos y ofensas para protegerse de lo que más teme: la comunicación.

Cuanto más se expone la víctima, más le atacará y sufrirá.  Si muestra sus debilidades, el agresor las explotará inmediatamente.

En la relación violenta no se trata de que el amor se convierte con el paso del tiempo en odio, sino de una envidia que se transforma en odio o incluso como muchos autores expresan, un odio al amor. Se produce en primer lugar, una falta de amor que se oculta tras el deseo, pero no de un deseo de la persona en sí misma, sino de lo que tiene de más y el agresor quiere hacer suyo, habiendo en segundo lugar un odio oculto, acompañado de la frustración cuando no obtiene del otro tanto como desea.

Para el agresor todo lo que no funciona es culpa de los demás, que se han unido contra él. Es capaz de recurrir al fenómeno de la proyección (mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos, incluso sus carencias), a través del cual su odio es proporcional al odio que imagina en su víctima, atribuyéndole una intencionalidad malvada, anticipándose siempre, agrediendo él en primer lugar.

Los agresores intentan atraer a los demás hacia su propio nivel o registro, para conducirlos luego a pervertir las reglas, siendo el mayor fracaso el no conseguir atraer a los demás a su registro de violencia. Por lo tanto, será la única manera de atajar la propagación de este proceso.

La violencia es fría y verbal, construida a través de las denigraciones, insinuaciones hostiles, señales de condescendencia y ofensas. Las amenazas son siempre indirectas. Se trata de una agresión continua y perpetua, donde cada ofensa es un eco de las anteriores.

El agresor en su fase de dominio trata de inhibir el pensamiento de su víctima, provocando posteriormente sentimientos, actos y reacciones mediante mecanismos de exhortación. La víctima se encuentra frente a alguien que lo paraliza todo, sintiéndose acorralada y en la obligación de actuar, que hará tan solo mediante un arranque violento en busca de su libertad.

La víctima si reacciona aparecerá como la creadora del conflicto pero si no lo hace, contribuirá a su destrucción continua. Esta con el fin de encontrar una salida puede caer en la tentación de comunicarse mediante manipulaciones y silencios también, volviéndose la relación equívoca a veces.

Desligarse es un proceso complejo que la mayoría de las veces necesitará ayuda tanto de su entorno más cercano como profesional, pues tras haberse instaurado y mantenido la víctima bajo la dictadura del miedo y la humillación, habrá que reestructurar los pensamientos y las emociones.

B.García

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