Salud

Conociendo la personalidad paranoide

Desconfianza excesiva e injustificada hacia los demás, más frecuente en el hombre que en la mujer

Personalidad paranoide
Personalidad paranoide |

Redacción Central |

El trastorno paranoide de la personalidad se caracteriza principalmente por la presencia de un modo generalizado y permanente, de una desconfianza excesiva e injustificada hacia los demás. Es más frecuente en el hombre que en la mujer.

Es típico en sujetos que siempre han sido desconfiados, mal pensados, recelosos, que siempre piensan que los demás les están intentando engañar o perjudicar de algún modo. Por esto suelen estar alerta de todo lo que los otros dicen o hacen, interpretando, muchas veces sin motivo, que están tramando algo contra ellos. Siempre encuentran algún motivo de sospecha, alguna señal oculta que, a su juicio, desvela los malos propósitos que los demás tienen hacia ellos. No creen en la lealtad de los otros y siempre piensan mal de los desconocidos, incluso de sus personas más allegadas.

Por eso son tan reservados, no confían en nadie, puse si se dejasen conocer mejor, los otros sabrían como perjudicarles. Si expusiesen a los demás sus planes, estos podrían truncarse. No suelen ser capaces de estar relajados en presencia de otras personas, sino que están siempre tensos, dentro de un mundo que se les antoja perpetuamente amenazante.

Muchos tienden por esto a la soledad. Esta falta de confianza la transmiten a los demás, de tal modo que se crea una mutua sensación de desconfianza, generada por ellos, que sirve para reforzarles en su actitud inicial. Su trato, su afectividad, suele ser extremadamente fría y distante, con actitudes demasiado racionales y calculadoras, de las que se suelen enorgullecer. No permiten que los demás descubran sus sentimientos y se avergonzarían profundamente si, en un momento dado, alguien pudiese verles emocionados o con comportamientos que impliquen cierta ternura.

Difícilmente son capaces de lograr lazos verdaderamente sanos, sencillos, abiertos, naturales, espontáneos y sinceros. Por el contrario, estos suelen ser fríos, distantes, rígidos, tensos, reservados, interesados y artificiales.

Su escasa emotividad y la naturaleza de las relaciones que establecen con los demás hacen que resulte difícil encariñarse con ellos, lo cual les sirve para confirmar su interpretación hostil del mundo exterior. No soportan que nadie logre engañarles y se consumen si consideran que alguna persona ha podido reírse de ellos, estafarles o tomarles por tontos.

Tienen poco sentido del humor. No suelen gastar bromas a los demás y no soportan que se las gasten a ellos. Siempre las encuentran fuera de lugar y malintencionadas. Si en alguna ocasión excepcional sacan a relucir su sentido del humor, este resulta mordaz, áspero, satírico.

Con los fuertes y superiores suelen ser precavidos y envidiosos, y muestran su desprecio por los que consideran débiles o blandos. Son demasiado ambiciosos y suelen darse a sí mismos una importancia exagerada.

En este tipo de personalidad, los celos suelen ser extraordinariamente frecuentes. La desconfianza se extiende también a esta faceta en un sentido amplio. Suelen tener siempre en la cabeza la posibilidad que su pareja les pueda engañar en todos los planos, no solamente en el afectivo o sexual, sino también en el económico, con los hijos.

La desconfianza suele conducir a un distanciamiento afectivo y muchas veces, siendo inicialmente injustificada, termina provocando motivos que la justifican, ya que a mediano o largo plazos, puede incitar al otro a no decir la verdad o a la infidelidad.

Es frecuente que a este trastorno de la personalidad se asocien otros, particularmente la paranoia, más conocida actualmente con el nombre de trastorno delirante paranoide. Esta alteración psíquica consiste esencialmente en la presencia de ideas delirantes, irreales, de las que se está plenamente convencido, a costa de una trama de detalles y de hechos minuciosamente relacionados, hasta el punto de que, aún resultando extraños y excepcionales, pueden llegar a resultar convincentes para los demás.

Aunque es mucho menos frecuente, este trastorno de personalidad puede facilitar la aparición de otros trastornos psicopatológicos como la esquizofrenia paranoide. En estos casos, las ideas delirantes tienen un carácter mucho más absurdo y se asocian con alucinaciones generalmente auditivas o visuales, con pensamiento desorganizado e incoherente y con otros síntomas más graves.

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