Salud

Contaminación visual: una verdadera pesadilla

La degradación de espacios públicos acarrea un impacto económico

Vallas de anuncios
Vallas de anuncios |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Temporadas de fin de año y campañas electorales casi siempre se convierten en verdaderas pesadillas para los hombres por la contaminación visual que generan.

Clave para captar información del entorno y fundamental para la supervivencia de los seres vivos, la vista percibe las alteraciones en la imagen del paisaje que afecta la percepción y las funciones vitales a causa de la sobreestimulación agresiva, invasiva y simultánea.

Los habitantes de las metrópolis son notablemente los más afectados, sin olvidar que los espacios rurales e interiores también están aquejados por tal descontrol.

Vallas de anuncios, cables, basureros, edificaciones destruidas, graffitis, antenas, banderolas, quioscos improvisados y otros elementos devienen contaminantes si se ignoran detalles de uso como son el tamaño, la cantidad y ubicación.

Sin embargo, los carteles publicitarios se destacan tristemente en este sentido por su proliferación caótica.

La contaminación visual está relacionada con factores como la insuficiente regulación, autoridades incapaces de hacer cumplir lo normado al respecto y la poca cultura ambiental.

La conciencia de este daño en muchos casos es pobre, como ha sucedido con la polución acústica, la odorífera o la lumínica que ya despiertan más activismo ciudadano y gubernamental.

Para el ser humano, la contaminación visual acarrea estrés por sobrecarga informativa y consecuencias asociadas como desconcentración y cefalea.

No se trata de un asunto meramente estético, pues la seguridad vial es afectada por la distracción y desorientación que provoca tanto en conductores de vehículos como en peatones, dada la dificultad en la percepción de señales.

Socialmente también se registran otros males cuando la cartelería lacera la imagen de los barrios y homogeneiza la apariencia de lugares diversos en detrimento de su identidad propia.

Se notan consecuencias como la desvalorización de la arquitectura, lo cual es lastimoso especialmente en ciudades cuyos cascos históricos están desfigurándose bajo el efecto de cuanta cartelería descontrolada surge. La degradación así de espacios públicos acarrea frecuentemente un impacto económico.

De acuerdo con algunas fuentes, este problema impulsa a especies animales a abandonar su hábitat, lo que termina alterando el equilibrio ecológico.

Existen recomendaciones para evitar el estrés que generan las perturbaciones visuales en espacios internos de viviendas y el trabajo, como mantener ordenados los locales donde se permanece, buscar armonía entre espacios vacíos y ocupados incluyendo plantas debidamente colocadas.

Mientras tanto, los medios reflejan el combate al desparpajo visual en algunas ciudades. Así, encontramos titulares como “Ayuntamiento retira de la vía pública publicidad que genera contaminación visual”, “Vallas mal colocadas con 90 días para su retiro”, “Quedará prohibida la publicidad en postes y pegadas a la pared” y “Por contaminación visual desmontan publicidad de candidatos al Congreso”.

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