Salud

Cirugía plástica e identidad

La importancia personal y social del rostro, nos confirma que la identidad es algo más que una cara

Cirugía plástica
Cirugía plástica |

Redacción Central |

La cirugía plástica se define como una especialidad médica cuya función principal es corregir deformidades o deficiencias funcionales, mediante la transformación o intervención de un área afectada del cuerpo humano.

Mientras que la identidad personal se considera como el conjunto de características de un individuo en particular, que comprende actitudes, rasgos físicos, emociones, sentimientos, historia de vida, formación, trayectoria. Es el sello del sujeto, el cual es único e irrepetible.

Cuando existen cambios en nuestra percepción o se realiza introspección (mirada hacia nosotros mismos) y observamos que no estamos conformes con nuestra fisonomía, aparece la inconformidad, la baja autoestima y es posible que se tomen decisiones de las que más tarde podamos arrepentirnos.

Muchas veces se guarda en silencio la inocente esperanza de que el bisturí resuelva nuestros conflictos más profundos como una baja autoestima, dolores emocionales o insatisfacción personal. Cuando este es el caso, después de realizada la operación la persona queda contenta al principio, pero más tarde puede ocurrir que dicho arreglo no lo satisface del todo, se encuentre otro defecto y se quiera volver a operar. También suele suceder que su apariencia física no consigue hacerle sentir mejor y pronto presentará las mismas carencias psicológicas.

Se ha descubierto que las personas que entran a un quirófano desconociendo claramente las implicaciones de esta acción a largo plazo, tienden a sufrir alteraciones emocionales vinculadas al rechazo o poca aceptación de su nueva apariencia física. Aparece en el sujeto una crisis de identidad y baja tolerancia a las modificaciones estéticas realizadas.

Existen grandes probabilidades de que el individuo reconozca posteriormente a su operación que ese desperfecto que decidió corregir, constituía una parte importante de su personalidad. Numerosos estudios muestran que los procedimientos en el rostro son los principales desencadenantes de estados severos de depresión y alejamiento social, debido a que los pacientes reniegan de su “nueva cara” porque no la sienten como suya.

El idealismo de alcanzar el máximo estado de belleza conduce a efectos psicológicos negativos, porque en algunos casos el intervenido se da cuenta de manera tardía que la identidad que estaba buscando no es tan perfecta como imaginaba. La importancia personal y social del rostro, nos confirma que la identidad es algo más que una cara.

Hacer lucir al cuerpo lo mejor posible es una forma de querernos, pero es necesario que se considere que si lo transformamos mediante cirugía no lo estamos haciendo nada más por agradar a los demás o por ser aceptado, porque nos haríamos dependientes de remedios rápidos para la belleza, la atención se centra en lo físico y se empieza a descuidar la esencia de la verdadera aceptación y valor de lo que somos, que no está precisamente en las particularidades de nuestro físico, sino en la valoración y respeto que logremos despertar en nosotros mismos.

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