Nicaragua

Nicaragua: Un pueblo en resurrección

Los cristianos aguardamos la llegada de la plenitud de los tiempos

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LA VOZ DEL SANDINISMO |

La pascua marcó un antes y un después en la vida y en la historia del pueblo hebreo. La liberación de la esclavitud egipcia seguida por los desafíos en el desierto, hicieron de la pascua (un salto en la historia) en busca de una tierra en paz y libertad.

Esa Pascua hebrea que en nuestras latitudes se conoce como “Semana Santa” encierra también en sus páginas una reedición de la nueva creación. La creación del mundo según los relatos del Génesis se da en un tiempo de siete días, dentro de los cuales Dios creó todas las cosas visibles y tangibles del universo del que cada día los científicos descubren nuevos espacios y dimensiones. Es en esa agenda creacional que Dios creó al hombre y a la mujer “a su imagen y semejanza y vio Dios que era bueno”.

Con el pasar del tiempo esa creación perfecta y armónica de Dios fue sufriendo los efectos nocivos del pecado, generando desequilibrio y descomposición no solo en la naturaleza humana, sino en la creación entera “ Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora y no solo ella, sino también nosotros mismos    , que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” ( Romanos 8: 22,23)

Es así que dentro del plan salvífico y redentor de Dios no queda otra alternativa que liberar a la humanidad del pecado de muerte y plantearse una nueva creación, una nueva humanidad a partir de la muerte y resurrección de Jesucristo, para lo cual fue necesario que “el Verbo se hiciera carne y habitara entre nosotros…” (San Juan 1:14).

Con Cristo Jesús habitando en el planeta tierra una nueva creación se había iniciado. Cada palabra dicha por Jesús, cada milagro o sanidad, cada paso estaba marcando con meridiana claridad el horizonte que debía de transitar. Con la entrada triunfal en Jerusalén encendió las alertas de la ocupación romana, con la purificación del templo se produce una condena a los mercaderes del templo y un rechazo a la religión complaciente de su época, afirmando con su ejemplo y enseñanzas que “su reino no era de este mundo”.

Sin viernes de dolor no hay domingo de resurrección:

Basta una rápida revisión a los proyectos libertarios, de las revoluciones para encontrar traidores y acciones conspirativas. El proyecto salvífico de Jesús no fe la excepción, él también fue traicionado por uno de sus discípulos. El jueves fue el día de la traición y la entrega a las autoridades pretorianas cumpliéndose lo que él ya les había dicho a sus discípulos: “El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día” (San Lucas 9: 22)

Jesús además de experimentar el jueves de la traición, vivió el viernes de dolor, sometido al vil escarnio, a la tortura y la muerte, pasando por el sábado de silencio, para luego erguirse triunfante en el domingo de la resurrección.

El jueves de la traición, el viernes de dolor, el sábado del silencio y el domingo de la resurrección constituyen los cuatro pilares de ese gran edificio de la redención humana, dicho más tarde por uno de los más grandes intérpretes de Jesús, cuando de su propia experiencia e inspiración declara: “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?  Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (Romanos 8: 24. 25).

Los cristianos nicaragüenses nos hemos apropiado de esa esperanza basada y cimentada en la esperanza de la resurrección. Somos un pueblo en resurrección, porque nuestra fe no se basa en un cristo crucificado o silenciado en la tumba, sino en un Cristo que venció la muerte, dejando la tumba vacía.

Como cristianos, creyentes en el Cristo resucitado estamos seguros que no sucumbiremos en el viernes de dolor, sino que en Jesús viviremos nuestro domingo de resurrección. Es con esa esperanza que los cristianos aguardamos la llegada de la plenitud de los tiempos, donde será coronada la creación de Dios en un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existirá más.

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora Evangélica y de la Comunidad de Fe
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