Opinión

PROFESAR LA FE CON DEVOCIÓN: TEMPLOS, PASTORES Y CREYENTES

Perturba el derecho a profesar la fe el uso de los templos para propósito ajeno a su razón de ser

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FE |

Francisco Javier Bautista Lara |

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios”.

(Mt. 5:9)

Perturba el derecho a profesar la fe el uso de los templos para propósito ajeno a su razón de ser, utilizarlos como tribuna política, fragmenta y daña, no contribuye a la convivencia en la comunidad diversa de creyentes, ni a la búsqueda del encuentro con el Señor: “Esta escrito que mi casa es casa de oración…” (Lc. 19:46).

Como católico de origen y por pertenencia asumida, quisiera, pido a Dios y a las autoridades eclesiales, acceder a las celebraciones religiosas en templos donde prevalezca un ambiente propio a esos espacios en los que nos congregamos alrededor del mensaje evangélico y la eucaristía, entre hermanos, con sacerdotes investidos al servicio de Dios y la comunidad, para ser guías en el difícil camino de la fe, y a quienes, en esa noble misión cumplida con dedicación, debemos respeto y gratitud. “Dad gracias al Señor porque es bueno: Porque eterna es su misericordia” (Salmo 135:1).

En las misas en iglesias o capillas ubicadas en jurisdicciones territoriales o parroquias para congregar a los fieles, se junta población del entorno, de distinta posición política y origen, diversidad social, económica y cultural; convocados para participar con recogimiento en los ritos que nos unen: “Porque donde dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos” (Mt. 18:20).

A una iglesia o parroquia, a un templo evangélico, llegan personas diversas, están ahí juntos, no por la opinión política que tengan, ni por coincidencias de otra naturaleza, sino por la pertenencia a una confesión religiosa concreta. Es un asunto fundamental para las iglesias, que las personas asumamos que nos aglutinamos para orar y reflexionar a la luz del Evangelio o de la doctrina propia, fortalecer la esperanza y la caridad, el compromiso con los pobres, compartir el espacio que pertenece a la comunidad de creyentes. La iglesia, como sabemos, no es el obispo o sacerdote, ni el templo físico, somos todos, con el pastor o presbítero, con nuestros ritos y sacramentos, asumiendo un credo. Es un principio fundamental que integra a la comunidad eclesial.

Pienso que es incorrecto y contrario a su investidura, que un pastor o presbítero asuma una posición sesgada, sin cuidar “la palabra que sale de su boca”, que discrimine a algún tipo de creyente, promueva odio y confrontación, ocupe el espacio común para fines particulares o políticos distintos al propósito general de la comunidad, contrario a la naturaleza por la que es constituida la iglesia de Cristo.

Un aprendizaje por asumir, la principal responsabilidad desde las iglesias, particularmente de la Católica en Nicaragua, es asumir la diversidad, y que convergemos en un mismo templo, en el que tenemos derecho todos, sandinistas y no sandinistas, liberales y conservadores, empleados y desempleados, jóvenes y viejos, negritos y blancos, altos y bajos…, con distinta posición social y práctica laboral, tenemos necesidad espiritual a reunirnos como hermanos, alrededor de la eucaristía, escuchar el mensaje evangélico (no un mitin político); nadie debe limitar esa participación personal y colectiva en la relación con el Señor desde la comunidad.

Si un párroco, religioso, líder cristiano o católico asume posiciones al lado de un grupo, llama a la confrontación y al odio, no es cristiano. Es oportunista, agitador político, incitador o cómplice de destrucción, “sembrador de cizaña”, no está al servicio de la iglesia colectiva. Puede provocar que otros, coincidentes en la fe, pero separados en distintos ámbitos, lo desconozca y reclame su derecho en el espacio común de creyentes: el templo que no debe ser “secuestrado” o “tomado” para propósito contrario a su naturaleza. Permitir que ocurra puede generar irrespeto y violencia. No es sano el discurso ni la práctica que, desde el púlpito, obviando la diversidad eclesial, azuce agresiones entre hermanos en la fe y compatriotas. Dividirá y llevará a mayor distancia entre los fieles lo que va contra principios básicos de la fe cristiana. “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?” (Malaquías 2:10). Cuidemos la palabra verbal y escrita, sin echar leña al fuego: “lo que sale por la boca brota del corazón; y eso sí que contamina al hombre” (Mt. 15:18).

Debemos participar en nuestra iglesia sin miedo, sin que nos excluyan ni impongan discursos y prácticas opuestas al Evangelio, sin pastores ni laicos que perturben o desvirtúen el silencio de la oración y la serenidad de la reflexión cristiana ¿por qué renunciar a asistir a nuestras prácticas? Es derecho humano y espiritual expresar nuestras creencias. Nadie debe obstaculizarnos el ejercicio de la fe que profesamos.

Como católico asisto a la iglesia, trato de ser cristiano, y quisiera que ese espacio de participación en mi parroquia, iglesia o capilla no se limite, es un derecho expresar y vivir mi fe en el camino de la vida, tengo también la obligación de no obstaculizarle a nadie que practique la suya.

Cristianos creyentes de buena voluntad y religiosos auténticos promueven la paz y la convivencia, la solución pacífica de los problemas, la reflexión serena, contribuyen desde la fe común, sin parcialidad ni provocación, sin odio ni violencia, por el bienestar común: “Por sus frutos los reconocerán” (Mt. 7:16).

En Nicaragua, con mayoría de la población es cristiana, es relevante el número de católicos, asumamos lo que dijo Jesús: “Ustedes son la luz del mundo” (Mt. 5:14), debemos hacer la diferencia, sino ¿quién?

Los nicaragüenses de buena voluntad, hermanos católicos o cristianos de diversas denominaciones coincidirán conmigo, por el bien común, por la iglesia y la comunidad que nos congrega.

Paz y bien.

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