Opinión

No seamos malagradecidos

De todos los defectos que tiene el ser humano este es uno de los más irritantes y abominables

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No seamos malagradecidos |

Moisés Absalón Pastora |

No hay nada peor en la vida que ser malagradecido porque la ingratitud convierte a las personas en seres que con el tiempo se van quedando solas y es que generalmente ese mal es propio de individuos a los que se les ocurrió que lo merecen todo.

Aprender a agradecer genera satisfacciones a la vida, es rico y placentero agradecer y esos que no lo son resultan ser personas acomplejadas que creen que dar las gracias es rebajarse o que los demás están obligados a darles siempre, porque el mal agradecido aflora cuando después de hacerle 99 favores no le hiciste el siguiente y hay estudios que indican que las personas que no son agradecidas tienden a ser depresivas y creen que la mayor parte del tiempo lo que reciben les corresponde por naturaleza o que el agradecimiento solo debe darse de acuerdo a la calidad de lo que recibieron y por supuesto darle gracias a Dios por el aire que respiran o por un día más de vida no está en sus cálculos.

Seguramente usted amigo televidente u oyente a esta altura ya está haciendo una lista mental de todas esas personas malagradecidas o ingratas que has conocido a lo largo de tu vida y si lo estás haciendo es bueno que te tome un tiempo encontrar algunos porque tampoco es saludable detenerse a pensar en los defectos de los demás.

Cada uno de nosotros forjamos nuestro propio destino. Pero antes de que nos topáramos con una actitud desagradecida tal vez hubo algunas señales que no supimos ver y que hoy queremos destacar para que tengamos presente qué características identifican a los malagradecidos.

Estas personas asumen sin ningún tipo de empacho que los demás estamos a su servicio y que la ayuda les debe llegar “porque sí” y además actúan insatisfechos e inconformes por todo y por eso son rocas gigantescamente pesadas con las que el ser humano se encuentra en el andar de la vida y son esos que pasan a tu lado y hasta conviven con uno haciendo de todo y sin hacer nada, ni siquiera por ellas mismas ni y menos por nadie.

Hay tantos tipos de personas en el mundo, tan diferentes, tan semejantes, que, si nos detenemos a observarlas nos daremos cuenta de tantas cosas que nos amargaríamos durante la vida entera y nos aferraríamos a la idea de morir de un trancazo y alejarnos de todo este sufrimiento, de esta cruel existencia, si tomamos a pecho la infamia de tantos malagradecidos.

En mi vida he conocido a muchas personas, personas que te quitan y te ponen, que te suman y te restan y me he dicho tantas veces a mí mismo que es mucho mejor tener un solo buen amigo que cientos de mal agradecidos, que como zopilotes te circundan abundantemente solo para después caerte encima y devorarte cuando ya no les sirves.

Por eso es preferible contar con una sola persona a tu lado que creer que cuentas con muchos y al final, después de todo, no tener números y manos dedos para contarlos porque dos en una mano son muchos.

El ser humano tiene muchas virtudes y defectos, cosas buenas y cosas malas, y se supone que debe uno querer a su semejante con todo esto… Sí, ¿pero hasta qué punto?

¿Hasta cuándo aguantar tanto malagradecimiento e hipocresía a otra persona?

¿Hasta cuándo poner la mejilla y después de que te golpeen, poner la otra, y que continúen haciéndolo durante una eternidad hasta cuándo?

Hasta que yo me canse, hasta que yo abra mis cegados ojos y me dé cuenta de que a mi lado hay otro malagradecido más de la extensa lista, alguien para el cual en un momento soy todo lo mejor que puede haber en la vida, una persona excelentemente buena y generosa; pero al otro instante entonces soy todo un estanque lleno de materia fecal. Hoy te necesito, hoy te busco, hoy eres bueno, pero mañana ya no, mañana eres cualquier cosa.

De todos los defectos que tiene el ser humano, a mi entender, este es uno de los más irritantes y abominables. No hay nada más asqueroso que una persona malagradecida, nada más detestable que eso y de eso estamos llenos en Nicaragua, sí aquí abundan, los encontramos a la vuelta de cualquier esquina haciéndose los gatos bravos por lo que no le diste.

Como si se tratara de culebras o insectos ponzoñosos en este trance que afectó a Nicaragua y que gracias a Dios va de retro con el retorno a la normalidad que observa el país, muchos ingratos afloraron y es un tema que debo poner sobre la mesa por respeto a la decencia porque cuando el mal agradecido muerde la mano de quien le ayudó o le dio de comer, la miseria, su propia miseria, es la que se encarga de refrescarle la memoria.

Hay malagradecidos de malagradecidos y los peores de todos son los del gran capital representados en el COSEP porque estos de la misma manera que los miserables se hicieron pobres y los pobres menos pobres, estos pasaron a ser de ricos a más ricos y después de haber pasado haciendo buenos y grandes negocios durante 10 años se dieron cuenta que estaban equivocados y entonces decidieron destruir la economía para tomar ellos el poder y multiplicar sus ganancias a un ritmo más acelerado y sin necesidad de compartir absolutamente nada con los explotados trabajadores a los que con mucho disgusto tenían año con año que estar revisando el salario mínimo que al final tenía que imponer el Ministerio del Trabajo.

En la lista debo de ubicar a la iglesia católica que hizo de sus templos cuarteles y de algunos de sus obispos y sacerdotes comandantes del golpe, a pesar de que del Estado, constitucionalmente laico, recibían millones y millones de córdobas de córdobas del presupuesto general de la república que en mayor parte se destinaba para asignaciones salariales para ellos en calidad de profesionales de la fe.

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