Opinión

Caricaturas civiles de los gorilatos del siglo XX

Hay hombres y mujeres que hacen historia, otros la escriben y unos más la falsifican hasta donde les dé su retorcida conciencia

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Edwin Sanchez |

I
Hay hombres y mujeres que hacen Historia, otros la escriben y unos más la falsifican hasta donde les dé su retorcida conciencia o sus intereses inconfesables.

A ese deshonroso círculo pertenecen los integrantes de una portátil de expresidentes de América Latina: se autoproclamaron “apóstoles” de la democracia precisamente para arruinarla.

Ahí está el ex de Costa Rica, Luis Guillermo Solís. Su caso es un facsímil de otros exgobernantes de la derecha más retrógrada que se alquilan para fustigar a gobiernos constitucionales, luego de demostrar fisuras administrativas y prácticas antidemocráticas del tamaño, ancho y profundidad de la falla de San Andrés.

Si algo les caracteriza es la desfachatez con que hablan, escriben o se dan un baño de honorabilidad en los foros que les inventan para criticar la paja en el ojo ajeno, teniendo enormes vigas en los suyos propios.

Abundan los expedientes de estas conductas reprochables con su respectivo cultivo de la rastrera mentira y las omisiones calculadas: Vicente Fox, Alejandro Toledo, Jorge Quiroga, a quien se le acusa de “corrupción al autorizar supuestamente contratos petroleros sin autorización del Congreso”, además de lucir en la primera plana de un diario sudamericano, estas credenciales:
“Fue acusado de difamación, calumnias e injurias contra la entidad financiera Banco Unión”.

La lista sigue con “La Olla” y “El Comal”: la tica Laura Chinchilla, de quien el mismo Solís ofrece un inconfundible identikit: “Nos heredó una alta percepción de corrupción política”.El etcétera es largo y tendido.

Los índices solventes de Costa Rica, por ejemplo, se tienden a señalar a Solís como el segundo presidente peor evaluado en casi 40 años, y el más impopular en América Latina.

Esos datos en rojo no los inventó ningún partido de izquierda: es parte de la biografía del exmandatario que enlodó la Casa Presidencial.

Ahora, tras haber abandonado El Zapote (2014-2018), es “docente de historia” en una universidad de Miami.
Es probable que enseñe cómo colocarse en el pecho la banda presidencial con un decoroso capital político y luego salir agachado por la puerta pequeña de la Historia.

O cómo hundir hasta por debajo del fango a tres poderes de la nación, en lo que la prensa tica llama “uno de los peores escándalos de corrupción que se recuerde”.

Hoy, intentando ocupar las olas de infundios y tergiversaciones contra nuestro país, intenta surfear sus propias miserias para volver a la palestra, sin vergüenza… alguna.

El tico más impopular del planeta repitió que “En Nicaragua, la dictadura de Daniel Ortega ha llenado de miedo a la población y la ha expulsado hacia Costa Rica, y ha lanzado el crecimiento económico nicaragüense de un quinquenio a un abismo del cual tardará décadas en salir”.

Supuesto hombre de academia, no es capaz de ser algo original en esta competencia de la infamia. Pero, ¿quién lo dice?

II

Los discípulos de uno de los mandatarios menores de Costa Rica, sideralmente lejísimo de don Pepe Figueres, deberían conocer lo que escribió el diario “La Nación”. El 10 de diciembre de 2017 concluía su perfil:

“…preside un gobierno manchado por escándalos de corrupción, el hombre que prometió una casa de cristal” y dejó “una cancha embarrialada (embarrada)”.

Si así terminó su periodo con pena y escorias, en sus comienzos no fue distinto: se constituyó en el segundo mandatario peor evaluado en últimos 36 años, “a tan solo 16 meses de haber asumido la Administración de Costa Rica”, expuso “La Prensa Libre CR”.

No se sabe si algún estudiante universitario se sentirá orgulloso de confesar entre sus amistades que es alumno del “líder más impopular de América Latina”, como lo retrató la revista británica “The Economist”, en octubre de 2016.

El “democrático” de Solís, “defensor de la libertad de prensa”, que detesta la injerencia extranjera siempre y cuando de él se trate, le “restó importancia a la publicación”.

Consultado al respecto por “La Nación”, exhibió su soberbia: “A mí no me eligieron los británicos, ni tampoco tengo que darle cuentas a una revista como ‘The Economist’”.

Los impostores de la democracia no quieren ser medidos con la misma vara: consideran que los presidentes de izquierda son de “cuarta categoría” y, por lo tanto, deben darle cuenta a Raymundo y a todo el mundo hasta de lo que desayunan.

Pero si así responde ¿a santo de qué Solís mete sus narices en Nicaragua?

Ducho en el tráfico de influencias y manejos gansteriles en la alta cúpula de su mandato, ¿qué autoridad moral tienen Solís y sus colegas de ruta para señalar a un Estado soberano y pontificar sobre temas nacionales que no les competen?

Los alumnos de Solís deberían considerar quién los está formando para ser profesionales íntegros.

El diario español, “El País”, refirió el 23 de diciembre de 2017, que “el Presidente enfrenta en el último tramo de su mandato una abrupta caída de su imagen por un escándalo de corrupción que detonó en el último semestre de este año y que compromete a autoridades de los tres poderes de la República. Una comisión de la Asamblea Legislativa que investigó el caso Cementazo y que rindió su informe esta semana —en coincidencia con el avance de la campaña para febrero del 2018— le atribuye al mandatario una supuesta ‘falta al deber de probidad’.

“Solís (…) influyó en favor del negocio del importador de cemento Juan Carlos Bolaños (preso desde noviembre mientras se le investiga), concluyó un informe unánime”, de la cámara legislativa.

“La investigación ha desvelado como nunca antes un tráfico de influencias que implica a funcionarios del Ejecutivo, del Legislativo y de la Corte Suprema de Justicia, además del estatal Banco de Costa Rica (BCR), que prestó a Bolaños más de 40 millones de dólares en condiciones cuestionables. Se trata de una red de influencias políticas alrededor de un aparente negocio de importación de cemento que pretendía romper el control de la transnacional suiza Holcim y la mexicana Cemex, con el apoyo del Gobierno de Solís y de congresistas de distintos partidos”.

Los diputados atribuyen a Solís tomarse el trabajo de presionar “para reformar un reglamento técnico de importación del material”, porque “estorbaba” a sus amigotes.

III

La realidad de Nicaragua es otra, no la que mal narra el profesor de marras.

En principio, el país cuenta con unos 6 millones y medio de habitantes. Y esa población no fue “expulsada” a Costa Rica, como calumnia Solís al gobierno.

La misma Directora de Migración de Costa Rica, Raquel Vargas, desmintió las falacias del expresidente cuando ofreció unas declaraciones en agosto pasado, tras la violencia provocada por los que dirigieron el fracasado golpe de Estado en Nicaragua.

Semanario Universidad: ¿Tienen una estimación de cuántos nicaragüenses seguirán viniendo al país?

“Eso es importante de decir. Es muy difícil calcular el número de personas que necesitarán atención. Hay una tesis bien interesante de varios organismos internacionales que afirman que muchos nicaragüenses no van a abandonar el país, su casa, su vida que les ha costado conseguir. Actualmente, en realidad la migración de personas por primera vez es relativamente baja. Tomando en cuenta que una gran cantidad de solicitantes de refugio ya se encontraban en Costa Rica cuando inició el conflicto”.

Solís ocultó lo confirmado por la funcionaria para engañar cínicamente a los incautos.

Respecto a la economía, es muy sabido que los que promovieron el golpe tenían dos cometidos confesos: dinamitar el orden constitucional para “salir” del presidente Ortega, y arruinar el 5 por ciento del PIB proyectado por la CEPAL para 2018.

Los representantes de pequeños gremios empresariales como el Cosep y oenegés que no representan ni la cuadra donde viven sus directivos, al unísono se dispusieron a demoler el Estado.

A la par de los tranques armados con que sometieron a las ciudades, las patrañas en las redes sociales, sabotajes a la producción nacional y paralización forzada del transporte nacional e internacional de viajeros, mercancías y materia prima, gritaban endemoniados: “¡La economía no importa!”.

Eran los espíritus protervos sobre Nicaragua.

Es muy estúpido pensar, sobre todo viniendo de un “académico” expresidente, decir que Ortega “lanzó la economía a un abismo”, cuando la administración nicaragüense mantenía un promedio de 4.7 y 5 por ciento de crecimiento a lo largo de una década.

Solís ni hizo historia ni se atreve a contar la suya: fue entrenado como sus pares para defender y reproducir la vetusta historieta con que algunas metrópolis relatan aún a los países latinoamericanos.

Ahora, que las naciones y los pueblos construyan su Historia es insoportable para la anacrónica cofradía. La razón es obvia: a estos expresidentes les dieron el despreciable papel de ser caricaturas civiles de los gorilatos que poblaron el siglo XX latinoamericano.

Aquellos, muy viles, infundían terror; estos, muy serviles, lástima.

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