Opinión

El año escolar 2019

Las calles se volvieron a llenar de niñez y juventud para acudir a los centros escolares

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Año escolar 2019 |

Moisés Absalón Pastora |

Este 4 de febrero merecidamente se confirió una cobertura especial al arranque del año lectivo 2019, que cargado de un patriótico azul y blanco que realmente enorgullece, de una alegría visible y de un compromiso patente por la formación integral impuso con paso de gigante catapultar la base con la que ya construimos nuestro futuro.

Desde ayer las calles se volvieron a llenar de niñez y juventud para acudir a los centros escolares, muchos de ellos remozados, transformados y hasta nuevos para recibir a más de un millón de estudiantes que tras el pan del saber acuden a sus aulas para ser actores, fundadores de una nueva visión educativa que estructurada por expertos extranjeros y nacionales nos permitirán dar un salto en enorme para potenciar el conocimiento, para poner en las manos del futuro las herramientas con las que nutrirán su intelecto a través del largo camino que desde el preescolar hasta la universidad usarán para hacer grande la patria de Rubén.

Observo hoy más que nunca a la comunidad educativa, compuesta por maestros, estudiantes y padres de familia, deseosa de un año lectivo en paz para que sus hijos se formen en una cultura distante a los ambientes que son la negación de los valores, de esos que postergan el desarrollo porque son oscuridad, retraso y odio.

Al inaugurarse este año lectivo 2019 en Ministerio de Educación mostró las insignias de un nuevo contenido de una pedagogía más técnica y tecnológica, más dirigida y práctica, más diversa y amplia, más patriótica, pero más bilingüe y sobre todo más solidaria y humana porque será la llave que nos permita no solo educar sino cambiar la actitud de los estudiantes para desde su nueva formación puedan ser la mano de obra que también transforme al país en el futuro.

Haber llegado a dar el paso hacia una educación más integral como lograr un bachillerato con el dominio pleno del idioma inglés, con la tecnología como herramienta de investigación, con materias de formación cívica, con temas que corresponden a nuestra nacionalidad desde lo histórico a lo literario, no fue producto de la magia.

Este es un trabajo que se viene tejiendo desde hace una década, no es algo improvisado o que surgió solo como una respuesta política a quienes únicamente te saben decir que la educación es la base del desarrollo que es algo que todos sabemos, pero que jamás pasaron del discurso y que aun siendo dueños de colegios privados jamás lo implementaron porque todo se les fue en retórica.

Sí, efectivamente la educación es la base del desarrollo, pero había que sustituir o transformar el viejo esquema, renovar pedagógicamente el modelo y francamente todo eso fue un proceso que tomó su tiempo y mientras la matrícula crecía, a la permanencia se le daba seguimiento y se transformaban los colegios y se adecuaban a la plataforma que ahora ya formalmente vemos inaugurada por aquí vinieron, pasaron y aún están para dar seguimiento expertos internacionales que capacitan a los nuestros para enrutar académicamente la educación nacional hacia una posición de despegue que requiere del aval de todos empezando por lo más fundamental que es la que nos enseñan en el hogar donde el papa, la mama, los abuelos y tíos nos enseñan a ser gentes.
La educación es indudablemente la base de todo y los que somos mayores tenemos una gran responsabilidad para que ella sea efectivamente el fundamento de nuestro desarrollo. En los colegios lo que existe es una herramienta, pero la mano de obra somos nosotros y esa herramienta que la estrategia nacional de educación pone en el saber de cada estudiante dependerá en gran medida de nosotros los viejos cómo la usen y de ahí que nuestro ejemplo, nuestra, actitud, nuestra forma de vida, el comportamiento ciudadano que públicamente asumamos, será determinante para el éxito integral de nuestro futuro como nación.

El resultado final de lo que será el ciudadano en su adultez lo marcan los padres de familia como parte de la comunidad educativa, del valor que se den como socios en un centro de estudios en el que tienen que interactuar con el interés propio de quien quiere lo mejor para su hijo, pero también de su país porque al final todo esfuerzo que se hace, desde una estrategia nacional es en nuestro caso por Nicaragua a la que siempre reclamamos por su pobreza, pero a la que algunos no asisten para sacarla de ese estado de postración.

Es legítimo que exijamos calidad, hay que hacerlo, pero ella no será jamás producto de un decreto o de una designación presupuestaria, sino aquella que todos hagamos posible con nuestras actitudes. Por ejemplo desde el hogar hay que concientizar a los hijos que aunque la educación es gratuita este le cuesta al pueblo porque es un derecho social que es posible con los impuestos de todos; hay que decirle a los muchachos que mantener los centros de estudios bonitos y presentables es una tarea de toda la comunidad educativa; hay que decirle a los hijos y con mucha insistencia que el estudio es su futuro y que el gobierno hace una inversión en ellos y en el caso de aquellos que no trabajan, que su responsabilidad es solo estudiar su deber es tener buenas calificaciones y que el colegio no es para hacer pandillas, ni hacer alborotos, ni irrespetar a los maestros, ni nada que se parezca a la vagabunda idea de que es un centro de diversión, sino de aprendizaje para saber más adelante saber qué hacer, porque si de sabiduría de se trata esa es la que nos ayuda a andar por la vida partiendo del testimonio de lo que fueron los padres y lo que ellos desde el hogar enseñaron.

Esto último es importante porque en la educación el respeto, que se aprende desde la convivencia familiar, es muy, pero muy determinante. En la definición de respeto no hay apartados especiales para títulos universitarios, rangos oficiales, altas posiciones en los organigramas de las empresas o poderes económicos. Todos, independientemente de nuestro quehacer merecemos respeto y consideración, y en primera línea, el maestro que nos forma en el entendido que todas las personas deben respetar y demandar respeto sin ningún temor porque esa siempre será la base de la educación.

El respeto entonces es cuestión de educación básica, de los valores que deben empezar en casa. Podemos demandar sin faltar el respeto a las personas. Ser respetuoso es de las virtudes que engrandecen y cada uno de nosotros tiene un valor que nadie tiene derecho a pisotear. Es hora de que, en los hogares, las escuelas o en cualquier parte nos empecemos a respetar, es hora de que la forma de manejar nuestras relaciones honre las palabras que decimos y ojalá que con ese espíritu arranquemos este año lectivo 2019.

Que Dios bendiga a Nicaragua.
mem

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