Opinión

Hacia adelante

Aquí nadie se rinde, aquí nadie se vence

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Moisés Absalón Pastora |

Moisés Absalón Pastora |

Una canción que hace muchas lunas popularizó el ya retirado Julio Iglesias dice que unos ríen y otros lloran, que unos nacen y otros mueren, pero que indistintamente al final la vida sigue igual.

Esa canción de que la vida sigue igual fue la primera evocación que tuve cuando al final de tanto cacaraquearlo el zopilote puso el huevo podrido de su maldad con la aprobación, éste martes, en el congreso imperial de la perversidad legislativa y de la ley Magnishy y la Nica-Act, una combinación que representa un crimen de lesa humanidad contra el pueblo de Nicaragua.

De esta nueva realidad hay quienes lloran creyendo que ríen y hay quienes reímos cuando otros creen que lloramos porque hoy tenemos más que nunca que realizar que tenemos que ir hacia adelante apartando la basura, quitando del medio los obstáculos, esquivando las ponzoñas de los alacranes, las tarántulas y el asecho de las hienas que se carcajean por una acción cobarde contra nuestro país que ya les salpica.

A mí en lo personal me molesta, desde lo profundo de mi orgullo nacionalista, la demencial obsesión de la política externa del imperio en nuestra contra, pero muchísimo más me indigna, que quienes hoy ya son oficialmente traidores de la patria, después de haber movido sus patas para ir a pedir esa agresión contra todos los nicaragüenses celebren semejante canallada porque se les ocurrió que por eso el pueblo les pondrá en el pecho una medalla, cuando por el contrario están marcados y ese desprecio lo van a comenzar a sentir cuando en las calles el pobre los responsabilice por su indigencia.

La brutalidad cree que la fuerza es la razón y por eso desbarató al país y ahora imagina que después de quedar en evidencia y desnuda en la miseria humana que  representa, va a ser exaltada como heroína y quienes así piensan están locos porque no conocen la dignidad de este pueblo, que curtida a través de la historia se atrincherará en la tierra que le pertenece y se abrazará a lo que la patria le da para responder con honor y levantar su frente altiva para humillar con su actitud la indecencia de traidores y regala patria que no merecen tener nuestra nacionalidad.

Estados Unidos no es el mundo, ni sus lacayos nacionales podrán jamás vender a cambio de cuatro chelines ni a Nicaragua ni a los nicaragüenses. El antídoto contra el tóxico de los vende patria nunca será el ponernos de rodillas ante nadie y menos ante quienes por haber sido vencidos una y otra vez, nos quieren imponer los dogmas de la más imperfecta de las democracias, erigida en imperio por la sangre de los pueblos del mundo que derramó y que cada vez más decadente afila tanto los garfios del águila imperial que se quedó solo con el muñón que ya no rasga, ya no aruña, ya no hiere, ya no da miedo, sino que por el contrario todos los días agencia a su alrededor el odio planetario que con más frecuencia le grita en cara “gringo go home” y junto a ellos a sus sicarios, a sus peleles, a sus sirvientes nacionales, a los traidores de la patria, a los malos hijos de este país.

Estados Unidos no nos está venciendo, Estados Unidos no nos está asustando, Estados Unidos no nos intimida, Estados Unidos no nos quita el sueño, pero sí Estados Unidos nos está uniendo, nos llena más de nacionalismo, nos satura de mística y nos embriaga de amor por Nicaragua.

De la misma forma los lacayos nacionales de los Estados Unidos, los que tendré que comenzar a mencionar con nombres y apellidos, no ganaron nada, por el contrario, lo perdieron todo porque en definitiva se estrellaron contra la historia porque por vivir y pensar más en Estados Unidos y por hablar en inglés y no en nicaragüense y son tan ignorantes de la esencia que caracteriza a este pueblo que creen que estar bien con los cheles es estar bien con éste pueblo.

Los peleles que hoy creen celebrar esta barbarie imperial contra Nicaragua, comenzarán a llorar por el desprecio que ya les tiene toda la nación. No soy partícipe de ninguna actitud violenta que conlleve al irrespeto de unos contra los otros porque representa intolerancia, pero no es difícil prever qué en los centros comerciales, restaurantes, gasolineras, cines, en la calle o en cualquier donde se vean estos rostros del fracaso lo que recibirán como mínimo será la mirada del desprecio y el chuzo de la indiferencia del nicaragüense ofendido por su alta traición porque lo que iniciaron, en función de su ambición de poder y su vanidoso protagonismo mediático es un crimen simplemente imperdonable.

En Nicaragua hay leyes que disponen para los ciudadanos derechos y obligaciones. La principal obligación del gobernante es hacer cumplir la constitución que es nuestro gran pacto social y desde la cual se estructura todo nuestro marco jurídico y la del gobernado a demandar sus derechos, a protestar y manifestarse cívicamente sin afectar a los demás, pero dentro del mismo espíritu de la ley, a que prevalezca el orden, la paz, la tranquilidad, la estabilidad para desarrollar el país y aquí el terrorismo se dedicó a hacer lo contrario y porque eso le mereció la cárcel por desbaratar nuestro país, Estados Unidos nos castiga, dicen ellos, con la Magnisky‑Nica‑Act, porque les estamos tocando a sus sicarios y porque observan que hay otros próximos a correr la misma suerte porque le guste a quien no le guste aquí hay que hacer justicia y la justicia pase por poner en su lugar a todos aquellos, que habiéndolo pedido, habiéndolo obedecido y habiéndolo ejecutado, se lanzaron como gárgolas sobre el desarrollo y progreso que tenía Nicaragua y en ese rollo están cuatro obispos de la iglesia católica, empresarios de maletín, políticos fracasados y universitarios de poca monta que nos están debiendo.

Mientras el tiempo de las verdades para cada quien llega, partiendo por su puesto de las acciones que ejecutaron y de aquel principio que cada quien debe asumir las consecuencias de sus actos, los indignados debemos responder desde la trinchera que corresponda y así el Presidente debe seguir gobernando para todos obligándose a la seguridad, paz y desarrollo del país y cumplir con todas sus responsabilidades constitucionales, La Asamblea Nacional debe imponerse fortalecer toda referencia o marco jurídico que garantice la bien andanza institucional del país, la corte suprema de justicia a garantizar una administración apegada al derecho sin sucumbir ante la campaña mediática que pretende hacer apología del delito, el consejo supremo electoral a imponerse la perfección del sistema que garantice el respeto a la voluntad popular libremente expresada, la policía a continuar sin vacilación persiguiendo el crimen y garantizando la seguridad al ciudadano y el ejército de Nicaragua a cuidar con celo la soberanía nacional para que el millonario interés del narcotráfico no se le ocurra, como lo hizo en los días posteriores al 18 de abril, financiar la ola terrorista que nos dejó 198 muertos.

Mientras tanto los nicaragüenses que aman a su terruño, que estamos de lleno metidos en ésta temporada navideña unámonos para poner la mirada en el futuro y ver que más allá de nuestras fronteras hay un mundo real, que no es Estados Unidos, que nos abre oportunidades, que quieren venir e invertir y que sabe que aquí hay un pueblo que los acoge con respeto, amabilidad y seguridad para que inviertan, para que creen los empleos que son los que llevaran el desarrollo del país.

Esta es una oportunidad de la cual deben tomar especial espacio las pequeñas y medianas empresas que quieren trabajar en paz sin dejar de mencionar a las grandes que despojadas del interés politiquero de otras quieran ser parte de la Nicaragua progresista que teníamos antes del 18 de abril.

Aquí nadie se rinde, aquí nadie se vence, aquí patria hay para todos o no habrá para ninguno porque ella no es de nadie, es de todos sí, pero es más de los que la amamos y no de los mercenarios que se ofrecen a su nombre.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA
mem

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