Opinión

¿Y qué quieren?

Aquí hay una Nicaragua que está volviendo a la normalidad

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Moisés Absalón Pastora |

Cada vez que tengo la oportunidad de definir la realidad del país, a insistencia de algún medio de comunicación internacional que me busca para oír la versión que tengo de los acontecimientos que nos han afectado en los últimos meses o que estoy con alguien que con un espíritu vandálico pretende llevarme la contraria, porque en eso son expertos, para matar en puerta sentencio que cualquier cosa me pueden decir menos que la Nicaragua de hoy es mejor que la que teníamos antes del 18 de abril.

El sentido común jamás podría validar, que la tristeza que hoy nos afecta, como producto de la barbaridad que nos hicieron sea mejor que la alegría y que el entusiasmo, que nuestros rostros reflejaban cuando el mundo nos ponía como ejemplo a seguir y nos reconocía como una nación dueña de una poderosa voluntad para empujarse así misma hacia la construcción de un futuro que estaba siendo andado por guerreros que después de tirarse a matar habían encontrado en la reconciliación el fundamento de su esperanza.

Hoy está en el tapete la consulta, a todo lo nivel, de un proyecto para elevar a rango de ley la disposición del estado nicaragüense de crear procesos que nos conduzcan a todos a ser obreros en la construcción de la paz y la reconciliación. Considerando lo que hemos vivido meses atrás cualquier persona civilizada con un mínimo de entendimiento para interpretar nuestra historia desde el arranque mismo de nuestra independencia, comprendería fácilmente que ese es el camino a andar y que, aunque no tengamos idea qué tan largo sea, ni cuento tiempo nos tomará recorrerlo, lo cierto es que el momento de dar el paso es ahora.

Sin embargo, lo que para el espíritu de paz y fraternidad es bueno, para el de maldad y perversidad no y por eso ya empezaron las mentes cavernarias a objetar el propósito, a decir, incluso desde los púlpitos, que es de donde más debería celebrase y aplaudir esta iniciativa, que esta no va a funcionar, que esto es un golpe de imagen que el gobierno quiere darse porque ellos, los que no son capaces de entender que el odio no paga y que por el contrario solo cobra, ya tienen loco a Daniel Ortega y que van ganando.

Yo me pregunto ¿Y qué quieren?, qué quieren estos, que, diciéndose nicaragüenses, solo viven para destruir su país, para no dar tregua a su demencia, para no darse cuenta que lo que le hicieron a Nicaragua no debería merecerles ningún perdón, pero que aun así, se decidió declinar la revancha, no convalidar aquello del ojo por ojo y el diente por diente, sino por el contrario tragar todo el horror que hicieron y extender la mano y decir, no hay nada que podamos hacer para volver de manera inmediata al estado al que nos condujeron posterior al 18 de abril, pero sí podemos anteponer el perdón ante nuestras distancias para que reiniciemos juntos el camino del que nunca debimos habernos salido.

Aquí hay dos partes de una misma Nicaragua, la de un país sandinista que fue víctima del terrorismo imperial y la Fruit Company de los lacayos nacionales que han querido poner a Nicaragua en la oficina oval de Washington para que la sigan saqueando y la de un pueblo que mayoritariamente quiere paz, pero al que una minoría provoca y provoca porque su “ideal” es la sangre y como no han podido generarla más entonces reaccionan como buenos canallas que son.

Aquí hay una Nicaragua que está volviendo a la normalidad, que está marchando hacia una navidad que le haga olvidar la oscuridad de los meses recientes. Aquí hay una Nicaragua que quiere reactivarse económicamente a través de propuestas que las pequeñas y medianas empresas hacen para dinamizar el comercio y estar a tono con el ambiente de los altares, las purísimas y los Nacimientos.

Pero hay otra Nicaragua que pintan en Miami, donde cuatro locos de allá, con cuatro locos que van de aquí, se concentran en el auditorio de un hotel para ambientar el concepto de una diáspora que solo está en la mente de unos cuantos desadaptados que se tragan las mentiras de un pinocho profesional que dice que todos los días los helicópteros de la fuerza aérea sobrevuelan el techo de su casa aquí en Nicaragua y para ponerle una buena dosis de dramatismo rompe en llantos, como si se tratara de un cocodrilo lagrimeando de felicidad al triturar a su víctima, cuando lo menos que siente es dolor por muertos que desde sus comentarios ha mandado a matar y lo peor es que lo hace todos los días sin que nadie le haga o diga algo por ese y otros delitos.

¿Y estos vándalos qué es lo que quieren?

¿Tienen acaso alguna propuesta que tenga sentido para sacar adelante al país que no sea la estupidez de romper el orden constitucional?

Además del caos y la anarquía que personifican, ¿qué hacen para convencer al pueblo de que son la solución si no son capaces de entenderse, ni siquiera de sostenerse la mirada porque se lanzan fuego y si eso es cuento viejo de qué cosas nuevas podrán hablar hoy?

Aquí el gran capital, un Cardenal, tres obispos, falsos empresarios en el COSEP que no tienen nada que perder, enemigos del progreso como los anticanal que de campesinos no tienen nada, chateles que no saben ni como se llaman y que se auto nombraron dirigentes estudiantiles, directores de medios de comunicación y periodistas que se volvieron mercenarios, organizaciones no gubernamentales que son además de siglas una verdadera estafa y partidos políticos que nunca han sido capaces de materializar una sola propuesta son los culpables del daño.

Sin embargo, se oponen a todo lo que implique alcanzar la paz, brincan como diablos cuando suena el tema de la reconciliación y en vez de pedir perdón pretenden levantar la voz, retar a quienes consideran sus enemigos, ofenden e insultan a cualquiera que identifiquen como sandinista en un centro comercial o en un restaurante y se creen valientitos y asumen roles de justicieros y te exponen en público como si el sandinista fue el que mató, el que torturó, el que puso los tranques, casi termina pegándole fuego al país y hundió la economía que hoy tenemos y que nos volvió a empobrecer.

Estos irresponsables deben tener cuidado, ser prudentes, porque le están tocando la dignidad al sandinista, que podrá ser manso, pero no menso y que con disciplina militar, fogueada en la runga y que propuesto a conducirse a la paz, no ha respondido una sola ofensa, una sola agresión, solo porque su liderazgo nacional, los ha frenado desde la posición que como Presidente de Nicaragua representa para todos los ciudadanos, indistintamente de sus colores políticos e ideológicos y eso es más que encomiable.

Con el afán ofensivo de estigmatizar al sandinista y a los que estamos contra toda esa locura de destruir al país tomando como paradigma el odio nos llaman sapos, pero ¿saben qué? los sapos hoy por hoy tienen un gran mérito, el de haber tenido que tragar ratas, cucarachas, gusanos, zancudos y bichos de todo calibre para evitar que el crimen siga produciendo muertos, para evitar irnos a una guerra donde nadie será vencedor, donde solo Nicaragua pierde, pero donde los extinguidos serán aquellos que nos recetaban al comienzo de los actos terroristas que nos buscáramos aviones para irnos y los primeros en montarse y en salir huyendo fueron ellos.

No empujen, no golpeen, no jochen. Podemos entender su desesperación, podemos comprender la inmensa soledad que les embarga al saberse sin pueblo y consecuencia que no sepan qué hacer y mientras ellos determinan qué camino tomar, los hijos que aman de corazón a este país sabremos apartarnos del odio y de la poca inteligencia porque es lo que nos ha valido para retomar el camino y avanzar.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
mem

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