Opinión

Nicaragua muestra al mundo su madurez cívica

La mayoría respondió, y lo hizo como nunca antes se había registrado en la historia democrática del país, en tranquilidad, paz y con una madurez cívica elogiada por cada uno de los invitados que acompañaron el proceso

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Alberto Corona |

Más allá de si los resultados eran esperados o no, Nicaragua mostró al mundo la madurez cívica de su pueblo, que este domingo se abocó a escoger a sus autoridades en unas elecciones generales caracterizadas por tranquilidad, ordenamiento y transparencia.

Los intentos por empañar el proceso no faltaron, desde presiones externas para deslegitimar el sistema hasta llamados de grupos minoritarios a la abstención encontraron eco en algún que otro medio de comunicación -casualmente los de siempre- aunque por lo visto, resultó en vano.

Incluso medios de alcance global, paladines de la ‘imparcialidad’, se prestaron al juego -algunos dirían que lo urdieron- sin ruborizarse por desconocer la voluntad de muchos, de gente que están ahí, en cada rincón del país, que suda para llevar los frijoles a su mesa, bajo la inclemencia de un sol que abrasa aún de noche.

Hablaron, pocos por cierto, de autocracia, nepotismo y cuanto adjetivo cabe para intentar mancillar lo que ellos mismos no perdonan; dignidad, que fue la respuesta mayoritaria expresada por los nicaragüenses a través de las urnas, aun por aquellos que optaron por quedarse en casa o en alguna esquina observando a los otros.

El expresidente de Guatemala Álvaro Colom, quien acompañó estos comicios en calidad de invitado junto a otros exmandatarios, congresistas, políticos, expertos electorales e incluso una comitiva de la Organización de Estados Americanos, dijo algo que no debió pasar desapercibido.

‘Es el único día en que tenemos (los votantes) el poder en nuestras manos’.

Poder real en la democracia que conocemos hasta ahora, o es que acaso esa mayoría que optó por la continuidad del Frente Sandinista de Liberación Nacional, liderado por Daniel Ortega, carece de identidad propia, incapaz de elegir entre seis candidatos.

La mayoría respondió, y lo hizo como nunca antes se había registrado en la historia democrática del país, en tranquilidad, paz y con una madurez cívica elogiada por cada uno de los invitados que acompañaron el proceso. Y la palabra invitado tiene toda la connotación que en ella cabe.

En este sentido, Ortega fue claro y para muchos recogió el sentir de su gente.

‘Ninguno de ellos ha venido ni siquiera con la intención de suplantar a las autoridades nacionales. Ninguno de ellos ha venido con la intención de venir a contar los votos’.

‘Las autoridades electorales en Nicaragua, Âíson nicaragüenses! Los que votan, los que votamos, somos nicaragüenses; los fiscales, son nicaragüenses, y los que contamos los votos, somos nicaragüenses. Esa es una democracia, digna, soberana, tal y como la defendió nuestro general (Augusto C.) Sandino’.

La validez histórica o no de ese planteamiento la decidirán los propios nicaragüenses. Las pasiones, remordimientos, ilusiones, sueños, frustraciones y, por encima de todo, el deseo de vivir en paz, están ahí.

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