Opinión

Respetá lo que comés

Cuidar a los animales es una acción estrechamente ligada a la esencia humana

iguanas
|

Juan Raimundo Cervantes |

Hacinados y con las extremidades atadas a la espalda o sobre el vientre aguardan el momento de la ejecución. Los ojos se mueven de un lado a otro y a uno se le antojan suplicantes. Esperan al mejor postor y a la muerte, amordazados, cautivos, sin alimentos, agua o espacio para moverse. Son carne de matadero, culpables de los delitos de ser garrobos e iguanas y figurar entre las comidas que llevamos a la mesa los nicaragüenses.

No tengo nada en contra de su consumo. Muchos consideran ese hábito como algo tradicional, sobre todo en semana santa, aunque también hay quienes sugieren que tal costumbre comenzó debido a la pobreza y la dificultad para acceder a otros alimentos. No, mi protesta es a causa de la crueldad y los maltratos a los que son sometidos esos animales.

“Bah, esos bichos no sienten nada», me dijo hace algún tiempo un vecino -del cual omitiré el nombre- cuando le comenté mi queja. Pues no, señor, se equivoca, ellos sí que sienten.

Según la Declaración universal de los derechos de los animales, el respeto hacia esos seres vivos está estrechamente ligado al respeto entre los propios humanos.

Todos los animales poseen derechos cuyo desconocimiento y desprecio condujeron y conducen al hombre a cometer crímenes contra ellos y la naturaleza, precisa el documento, adoptado en 1977 por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y las ligas nacionales afiliadas, proclamado en 1978 y aprobado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco) y posteriormente por la ONU. Cabe señalar que Nicaragua es miembro de las dos últimas desde 1952 y 1945, respectivamente.

A modo general, la declaración afirma que los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia y el respeto. También señala que el hombre no puede atribuirse la facultad de exterminarlos, sino que tiene la obligación de ponerse al servicio de su protección.

Varios son los artículos e incisos del documento relacionados directamente con casos como el de los garrobos e iguanas en los mercados de nuestro país. Los mismos indican que ningún animal será sometido a malos tratos ni actos crueles y si es necesaria su muerte esta debe ser instantánea, indolora y no generar angustia.

Igualmente el texto estipula que cualquier animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente y a reproducirse, por tanto, toda privación de libertad, incluida aquella con fines educativos, es lesiva hacia su integridad.

También constituye una agresión el cambio del ritmo de vida y las condiciones de libertad impuesto por el hombre con fines mercantiles a animales que tradicionalmente comparten su entorno.

Del mismo modo, la declaración sostiene que cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado, transportado y sacrificado sin que nada de ello le resulte un motivo de ansiedad o dolor.

Que quede claro, aunque en ocasiones figuren dentro de los platos que llevamos a la mesa, nada nos da derecho a torturar garrobos e iguanas, porque es precisamente tortura lo que muchísimas veces cometemos o permitimos.

En Nicaragua el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) denuncia con frecuencia la crueldad contra garrobos e iguanas y de enero a abril, la época de su reproducción, la caza y venta de esos reptiles está vedada.

No obstante, desde el propio Marena se reconoce que aún hay que avanzar mucho en frentes como la legislación en materia de protección y derechos de los animales.

Es cierto que en nuestro país existen asuntos cuya solución representa una prioridad mayor, ese es el caso de la erradicación total de la pobreza, la electrificación del 100 por ciento de la nación, el acceso de la ciudadanía a viviendas dignas, el empoderamiento femenino, la mejora constante de los sistemas de salud y educación…, pero los derechos de los animales no pueden ser menospreciados.

Tampoco es acertado establecer jerarquías entre estos últimos y los derechos humanos. Ambas son definiciones que coexisten y, por igual, dicen mucho de nuestra esencia.

Quien piense lo contrario necesitaría, cuando menos, estar “herrado” -sí, con H-, o sea, estar en las patas o la piel de un animal para saber acerca de sus sufrimientos.

Mel/Tgp

 

también te puede interesar