Opinión

Brasil y el neoliberalismo express: ¿qué pasará ahora sin Dilma?

El recién estrenado presidente interino, Michel Temer, dio a conocer un gabinete en el que no existen mujeres y tampoco negros. En menos de 24 horas, Brasil no tiene ministerios de Cultura y Programas Sociales

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El Gobierno de Temer será el inicio de las privatizaciones en Brasil | sputnik

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Ajuste. Esta palabra aparece escrita 15 veces en el programa con el cual el presidente interino de Brasil, Michel Temer, espera “salvar su nación”. Los ajustes serán económicos, y cuando ese término se usa desde un gobierno, generalmente implica más problemas para el bolsillo de los más desposeídos.

Temer asumió este jueves el más alto cargo de la nación suramericana luego del golpe de Estado que el Senado propinó a la presidenta democráticamente electa, Dilma Rousseff, enviada a un juicio político por un período de seis meses.

Todavía no han pasado 24 horas de esta afrenta a la democracia, y el futuro del pueblo brasileño pareciera no augurar nada bueno. La razón principal radica en quiénes han llegado con Temer al poder.

El hasta ayer vicepresidente de Brasil ha dado a conocer un gabinete plagado de figuras empresariales, donde un par de rasgos no pueden pasar inadvertidos: no hay mujeres, nadie es negro. El tema de la raza viene a colación, pues todos sabemos que ese país es uno de los que mayor “mezcla” presenta. En el nuevo gobierno, esa representatividad, esa riqueza cultural, no existe.

Otro punto rojo que hace saltar las alarmas es cómo se proyectará Brasil con sus vecinos y el resto del mundo. A priori, la unidad latinoamericana estaría en juego con el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, José Serra. Este señor fue derrotado dos veces en las urnas en sus aspiraciones a la presidencia: primero lo hizo Luiz Inácio Lula da Silva en 2002, y luego la propia Dilma Rousseff en 2010.

El peligro de que Serra lleve las riendas de las negociaciones internacionales radica en que siempre se ha opuesto a la integración latinoamericana y se ha mostrado ávido de entregar los amplísimos recursos naturales de su país a las transnacionales.

También están en riesgos los bosques. Eso se debe a que Blairo Maggi, el “Rey de la Soja”, se convierte en el nuevo ministro de Agricultura. Este hombre, uno de los 60 más poderosos de su país, es responsable por la destrucción de la Amazonía por el cultivo de alimentos transgénicos. Es también todo un camaleón político: hasta el pasado sábado perteneció al Partido de la República, pero se pasó al Partido Progresista para poder asumir en el reparto de cargos hecho por Temer.

No hablemos de la Cultura. El ministerio que llevaba su nombre ha desaparecido. Temer lo fusionó con el de Educación, y al frente se ubicará José Mendonça Bezerra, quien en 2009 impulsó una discusión para limitar las cuotas de estudiantes de raza negra en las universidades.

Los más desposeídos de Brasil, a los que el Partido de los Trabajadores les tendió la mano desde su ascenso al poder en 2002, ya no contarán con ministerio que se encargue de los programas sociales.

El ministerio de Desarrollo Social, ese que restituyó derechos y dignidades en el país más grande de América Latina, ya no existe. Pasó a formar parte del Desarrollo Agrario, y estará a cargo de Osmar Terra, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, al que pertenece Temer y que fuera aliado del PT. Si este partido dio la espalda al PT por sus ansias de poder, no es plausible que continúe el impulso de programas sociales.

Por otro lado, el abandono de ministros que sufrió Dilma sabemos ahora que no fueron fortuitos. Dos de los que la desertaron hace un mes, Gilberto Kassab y Henrique Alves, estarán a cargo ahora de las carteras de Ciencia, Tecnología y Comunicaciones, y Turismo, respectivamente.

Otro ministro de dudosa procedencia es Geddel Vieira Lima. Durante la Operación Lava Jato, dedicada a investigar el lavado de dinero, delincuentes confesos citaron a Vieira Lima como uno de los que se dedicaban a este delito. Ahora se convierte en el ministro jefe de la Secretaría de Gobierno.

El ministro de Defensa iba a ser Newton Junior, pero como apareció en Los Papeles de Panamá por abrir empresas “offshore” en Estados Unidos, fue cambiado por Raúl Jungmann.

Un puesto clave será el nuevo ministerio de Fiscalización, Transparencia y Control (que reemplaza a la Controladuría General), el cual será conducido por Mauricio Quintella. Igualmente aquí hay gato encerrado, pues Quintella es aliado del investigado por corrupción y presidente del Senado, Renán Calheiros.

Temer tendrá a Wellington Moreira Franco, su mano derecha, en la Secretaría Especial de Inversiones, nombre que ha dado al programa de “nuevas privatizaciones”.

Con estos truenos, pronto leeremos, seguro estoy, cómo comenzarán los “ajustes”. A fin de cuenta, se espera sucedan al menos de 15 formas diferentes, según el programa de ¿gobierno?

El presidente más impopular de la historia

Michel Temer se sentará en su oficina del Palacio de Planalto este viernes como el presidente más impopular de la historia democrática brasileña. Sin haber celebrado elecciones para que asuma tal cargo, una encuesta de Datafolha expresó este jueves que solo el dos por ciento de la población votaría por él en una elección general.

Asimismo, Datafolha dijo que el 60 por ciento de los brasileños ya pide su renuncia, y un 58 por ciento opina que también debería ser sometido a un juicio político (en este sentido ya se hicieron denuncias pero nada se ha hecho al respecto).

Por los próximos seis meses, Temer llevará las riendas del Brasil. ¿Cómo sigue el golpe ahora contra Dilma?

La comisión que ejecuta el juicio, integrada por 21 senadores, debe definir un calendario de trabajo para los próximos 180 días, donde serán escuchados los testimonios de la parte acusadora y la defensa.

Tras la recolección de pruebas, la comisión especial traspasará el informe final al Senado, quienes decidirán a través de la votación, si la presidenta es culpable o inocente.

En caso de que la presidenta Rousseff sea hallada culpable, será destituida de su cargo y tendrá prohibición de presentarse como candidata a cualquier cargo público durante ocho años. En el 2019 se convocarían a nuevas elecciones presidenciales.

Empero, si se celebra otro juicio político contra Temer, solamente los miembros del Congreso de Diputados y el Senado podrán votar y elegir al nuevo jefe de Estado de Brasil. Mientras tanto, el presidente del Senado, Renán Calheiros, gobernaría el país.

Pero solo un escenario de los planteados marcaría la continuidad de la democracia en Brasil: el regreso de su presidenta al cargo para el que fue designada por el pueblo. Caso contrario, se estará desconociendo la voluntad de 54 millones de votantes que depositaron su confianza en Dilma. Solo Dios sabe las consecuencias que eso podría traer. Pero los golpistas ni siquiera los respetan a Él.
ros/ale

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