Opinión

Ser joven. Parte I

¿Quién preparó a quién para el futuro inmediato?

Los jóvenes, orgullosos de su identidad y su cultura son los protagonistas principales de las fiestas en donde los símbolos de la Patria están muy presentes
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Hugo Luis |

La definición de juventud no tiene que ver con la edad. Se puede nacer viejo o morir joven a los 100 años e incluso por ello se establecen discriminaciones, una más como si ya no fueran suficientes, porque si se tiene 20 no se logra acceder a algún trabajo por eso, por ser joven, lo que se relaciona con la inexperiencia; o si se tiene 60, pues ya se es viejo, caduco, no se adapta a los vertiginosos cambios informáticos, por ejemplo, y se está más para el retiro.

¿Y si conocemos, digamos el caso, de que en la Edad Media se moría de viejo con 30 años y para eso los muy pudientes, los reyes y sus más cercanos colaboradores barridos por las pagas, las enfermedades y todo el desconocimiento existente?

Hoy comenzamos aquí una serie de notas sobre propiamente los jóvenes, que ponemos a consideración de nuestros Lectores de la Voz del Sandinismo y ya nos dirán.

Si nos ceñimos solo a esa clasificación etárea, es decir, por edades, se define como jóvenes a aquellos individuos que tienen de 15 a 24 años, es decir, una corta etapa de nueve años.

Esta definición corresponde a la Organización de Naciones Unidas, la ONU, es de 1983 y aceptada universalmente en directa referencia al momento de inserción del mundo adulto ya sea a través de quienes adquieren un trabajo estable o constituyen una familia.

Es una formulación algo excluyente y permítasenos opinar que rígida debido a que hay jóvenes que tienen familia y no tienen trabajo o viceversa y no por eso dejan de ser jóvenes; o el trabajo puede que no sea estable, algo cada vez más frecuente con la nueva crisis económica que vive el planeta desde 2008.

Con frecuencia, la vida obliga a madurar, y se es joven antes de tiempo o, lo que es peor, nunca se tiene juventud o, los que crecen en una burbuja, están en un caso similar solo que a la contraria: no maduran cuando deben y si de pronto las condiciones del hogar cambian, se van a hallar desubicados, sin saber qué hacer, hacia donde tomar, lanzados de cabeza a la vida.

Se clasifica lo que los jóvenes hacen acuñando con el aquello de que precisamente son jóvenes y sus criterios, aunque sean una avanzada del futuro, no son atendidos en cuenta por eso, por la edad.

A esto los sociólogos llaman Moratoria social, concepto que significa que el joven es considerado como una persona en preparación para adaptarse a una sociedad de adultos y ocurre el choque de generaciones entre las que llegan, (jóvenes) las ya establecidas (padres, madres, abuelos y abuelas, hermanas y hermanos ya insertados) y lo que resulte de ello.

Esto incluye otro postulado a poner en tela de juicio. Antes hablamos de que la edad no es una definición completa para determinar la juventud y ahora a ello añadimos que el joven tiene que seguirse preparando para parecerse a los adultos.

Es un concepto corto. Por ejemplo, ¿qué alerta lanzaron los jóvenes de los años 60, reunidos en California, las primaveras de París y Ciudad de México, las protestas en la Universidad de Kent, en Ohio, Estados Unidos y los movimientos antibelicistas?

Fueron los jóvenes los que levantaron a sus familiares mayores de los asientos de las casas y les dijeron “Vamos a lanzarnos a las calles porque es ahora o nunca”.

Y, entonces, ¿Quién preparó a quién para el futuro inmediato? ¿Recuerdan aquel grafiti de “Sean realistas. Pidan lo imposible”, de una de las fachadas de la Facultad de Letras de París, recogida por Julio Cortázar en su poema Noticias del mes de mayo, de 1968? Búscalo, léelo y luego dinos.

noa/hl

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