Cultura

Rock revival

Las llamadas subculturas y más tarde, con el movimiento hippie, en la contracultura hicieron del rock and roll uno de sus estandartes

Rock revival
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Hugo Luis |

Antes hablamos a los lectores de La Voz del Sandinismo del rock, sus tendencias y evoluciones, y ahora les proponemos referirnos al impacto social de esta manifestación artística.

En las décadas de 1950, como para decir que el mundo de la post guerra requería de su propia identidad y luego su nueva ola y consolidación en los 1960, primero las llamadas subculturas y más tarde, con el movimiento hippie, en la contracultura hicieron del rock and roll uno de sus estandartes.

Debemos detenernos en estos dos términos, subcultura y contracultura, y más porque cada uno definió parte importante de sus décadas.
La palabra subcultura se comenzó a utilizar a inicios de los años 50 en Estados Unidos y después pasó a Gran Bretaña, para definir a un grupo de personas con un conjunto distintivo de comportamientos y creencias que las diferenciaba de la cultura dominante de la que formaban parte. Sus integrantes pueden provenir de individuos a partir de la edad o grupo étnico o género, también de intelectuales, filósofos, sociólogos, artistas… y las cualidades que determinan su aparición pueden ser estéticas, políticas, sexuales o una combinación de todas.

La contracultura nace en los ´60 y viene siendo como un pensamiento más estructurado, de mayor organización y filiaciones más definidas de las subculturas dado que ambas, la segunda sumatoria de la primera, chocan con los establecidos dentro de una sociedad y representan los criterios de grupos socialmente marginados y contestatarios. Representaban el amor libre, tendencias ecologistas, una vida de frente a la naturaleza y en la naturaleza y en contra del consumismo. Como se ve a simple vista, fueron precursores de la nueva era y alertaron de lo que nos vendría encima con un planeta dominado por las tendencias del mercado y sumergido en la polución.

Estos seguidores de la música rock, de donde provienen sus himnos y parte de su iconografía, desconfiaron del mundo de la moda a la que se opusieron, cualquiera que fuera, porque vieron en ella un dictamen que exageraba la importancia de la imagen a costa del contenido.

El rock asimiló valores de la cultura afroamericana con la que se imbricó y se fue nutriendo de tradiciones musicales distintas, corriente que continúa en nuestros días y que hoy se denomina lo mismo mezcla que fusión, en una asimilación que ha llevado a la formación en algunos países de un rock propio, con valores autóctonos.

Además, a su corriente sumó la tradición folclórica de la canción y en sus letras fueron incluyendo mensajes antibelicistas, frente a las desigualdades, en pro de los derechos humanos, la justicia y el medio ambiente.

Este activismo político alcanzó su punto máximo con el sencillo Do They Know It’s Christmas? («¿Saben ellos que es Navidad?», de 1984), canción de Bob Geldof y Midge Ure para recaudar fondos para paliar la hambruna en Etiopía, que fue seguida de Live Aid una año después y con el mismo propósito.

El rock brotó, no hay otra palabra, como una corriente primero de la subcultura y después contracultural de los jóvenes y para los jóvenes, como ya explicamos, con el cual mostraran su propia identidad y sus propias ideas a una sociedad que solo los veía como unos simples proyectos de adultos, sin voz, ni opinión, cuando no como gente rara, problemática, de ideas inquietantes para las sociedades establecidas y anquilosadas.

Fue así como surgieron imágenes y personas que representaban fielmente a los jóvenes, y que les mostró en sus países un nuevo grupo que antes no lo conocían del todo: los jóvenes.

Hagamos el amor, no la guerra

Hagamos el amor, no la guerra (en el original inglés Make love not war y en francés) es un lema o eslogan antimilitar asociado con la contracultura de la década de 1960 en los Estados Unidos.

El lema Hagamos el amor, no la guerra (Make love not war) fue usado por primera vez por quienes se oponían a la Guerra de Vietnam que ofrecían flores a los militares represores, pero desde entonces ha pasado ser la consigna básica de todos los movimientos pacifistas y contra el establishment como ocurrió en la primavera en Portugal.

La frase se considera original de Gershon Legman que en abril de 1965, en una manifestación contra la guerra realizada en Eugene, Oregon, y en su último año en la Universidad de esa ciudad, escribió la frase a mano en su suéter. Los activistas radicales Penélope y Franklin Rosemont popularizaron la frase al imprimir cientos de pegatinas y pins con el lema en la Librería de la Solidaridad en Chicago, Illinois, distribuyendo el material el Día de la Madre en marzo de 1965. Fueron los primeros en imprimir el eslogan.

En los acontecimientos protagonizados por jóvenes y estudiantes, en la Revolución de Mayo de 1968 en París, Francia,-aquí era Faites l’amour, pas la guerre- y su extensión a otras naciones, como fue el caso movimiento en México ese mismo año y en la que, además de universitarios, participaron profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionistas y terminó con la represión de 2 de octubre de 1968 por el gobierno mexicano conocida como la matanza en la Plaza de las Tres Culturas.

Luego vinieron los disparos en la Kent State (Kent State shootings), también conocida como la Masacre de la Kent State que fue un suceso acontecido en la Universidad de Kent, Ohio, donde se sucedió un caótico panorama entre estudiantes y miembros de la Guardia Nacional, el lunes 4 de mayo de 1970 en el cual cuatro estudiantes fueron asesinados y nueve heridos (uno de ellos sufrió parálisis permanente) a manos de la Guardia Nacional, que disparó a mansalva contra los estudiantes.

Algunos de los estudiantes tiroteados estaban protestando por la invasión estadounidense a Camboya (en el marco de la guerra de Vietnam y las protestas antibelicistas en Estados Unidos), la cual el presidente Richard Nixon anuncio por televisión el 30 de abril, es decir, solo unos días antes.

Los trágicos sucesos recibieron respuestas por toda la nación: cientos de universidades, colegios e institutos promovieron una huelga estudiantil, cerrándose los centros educativos.

El lema de Hagamos el amor, no la guerra, siguiendo un sentido cronológico, fue asimilado en textos de canciones de John Lennon (Mind Games) y Bob Marley (No More Trouble) ambas de 1973.

Le siguió la Revolución de los Claveles, nombre dado al levantamiento militar del 25 de abril de 1974 que provocó la caída en Portugal de la dictadura salazarista. El nombre proviene de imágenes que recorrieron el mundo de jóvenes colocando claveles en las bocas de los fusiles de los uniformados.

Después hubo y hay otras primaveras más.

Los nuevos dioses

Los dioses de la juventud irreverente empezaron a ser, y son, Elvis Presley, The Beatles, The Doors, Janis Joplin, Sex Pistols, Pink Floyd, U2, Nirvana… como algunos de los pioneros más representativos de una juventud que se diversifico en distintas ideas y modas en la segunda mitad del siglo.

El rock, ya como himno, es un producto que llega a modificar a la sociedad misma al agrupar diferentes maneras de ser y generar grupos de pertenencia, que propone valores diferentes, así como ideales y los difunde, a la vez que genera modelos e ídolos e inserta nuevos actores sociales.

En la mayoría de países latinoamericanos se ha fortalecido el movimiento de música rock, un género controversial considerado como peligroso para las clases que ostentan en el poder.

La sociología demuestra que los jóvenes construyen su identidad con el vestuario, el peinado, el lenguaje… así como también con la apropiación de ciertos objetos emblemáticos, en este caso, los bienes musicales, mediante los cuales, se convierten en sujetos culturales, de acuerdo con la manera que tienen de entender el mundo, y de vivirlo intensamente.

Los jóvenes se constituyen en grupo. Los amigos son el núcleo donde se generan los patrones de conducta que se le propone seguir al adolescente. El deseo de ser independiente de la familia lo va a suplir con la dependencia de un grupo. Allí se escogerán los significados sociales que atribuyen a los bienes culturales que consumen.

El consumo cultural los identifica y los cohesiona, les dicta patrones de conducta, códigos, formas de aprendizaje, inclusive su lenguaje se arraiga en los objetos que consumen. En definitiva, se establece un sistema de creencias. Los miembros del grupo actúan siguiendo estas creencias. En los grupos en los cuales, el elemento de cohesión, es la música, las creencias se generan a partir de ella.

Desde sus inicios tempranos la música rock ha sido asociada con la rebelión contra las normas sociales y políticas, lo cual era más obvio en el rechazo en el rock and roll temprano hacia la cultura dominada por los adultos.

El rechazo de la contracultura hacia el consumismo y el conformismo y el rechazo más extremo del punk hacia formas de convención social.

noa/hl

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