Opinión

Rubén es Nicaragua…

La “queja” de los “hipersensibles” que ahora se consideran los “policías del idioma” como los llamó Gabriel García Márquez, es una prueba de que Rubén “no les ha amanecido”, como diría el profeta Isaías

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Edwin Sanchez |

I

Fabricar una “polémica”, a falta del escándalo mediático para la proyección de los recurrentes alardes, siempre es un recurso fácil para las plataformas afines, no importa fecha, motivo o tamaño.

 

Si una buena parte de la sociedad expresa sus pareceres respecto a determinado tema y hay distintos puntos de vistas, unos más encontrados que otros, hay debate. Pero si es un ínfimo sector con sus caras, micro partido y oenegés de siempre, ¿de qué controversia estamos hablando? Ciertamente es la puesta en escena de una “diversidad” de voces con una monocorde opinión.

 

Sí, ya lo hemos escuchado: si se entregan una chanchita y unas gallinitas, los mismos de siempre dicen que eso es malo, populismo, bla, bla; si se trata del Canal Interoceánico, a los que nunca les importó el Cocibolca, hoy hasta “corrigen” a Juan de Patmos con una nueva “profecía”: el Apocalipsis lacustre.

 

Si se compra trigo de Rusia, “el país ya está en manos del Kremlin”; si el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional traslada a las familias de las antiguas zonas de escombros y se les construye una ciudadela, es clientelismo. Y si no se las evacua y ocurre la desgracia, “qué gobierno más despiadado, anticristiano…”.

 

Y sigue el mismo machote: si se conmemora a Rubén Darío, “abuso”, “decreto atroz”, “propaganda …”. Es que cuando prevalecen los odios y los rencores, si el propio Rubén resucitara y participara en los actos conmemorativos de su Centenario, ¿qué es lo que no le harían?

 

II

 

La supuesta “defensa” de Rubén ante “la distorsión” se cae por falta de sinceridad y exceso de aprovechamiento extra literario, pues a sus mismos “abogados” no les tiembla la mano para irrespetar la escritura revolucionaria de Azul…, porque así tituló su libro. “Azul” es cualquier cosa.

 

Ya que son guardianes de la Lengua Española y “ahora” de la obra dariana, tanto que andan con lupa, escáner y lo que sea para detectar una tilde “indocumentada”, una coma gozando de libertades prohibidas, ¿quién explicará a Nicaragua qué hicieron con los puntos suspensivos que el Príncipe de las Letras Castellanas distinguió a la gran carabela que echó a la mar en 1888?

 

No se puede tomar “pueblerinamente” como si se tratara de un pasquín lo que el académico Róger Matus Lazo considera la “partida de nacimiento del Modernismo”, además que “Miguel Ángel Asturias, coincidente con (Juan) Valera, sostiene que Darío evocó el ´azul de los cielos, los mares y los ríos de Nicaragua´ y el color cívico de nuestra bandera”.

 

Si vamos a ser “puristas”, Gioconda Belli nos demuestra que su amor a Darío de última hora no es del calibre del crítico literario español y del Premio Nobel de Guatemala: “¡Chile! Qué país más culto, suspiraba. No me extraña que hubiera sido allí donde Rubén Darío escribiera su Azul” (“El país bajo mi piel”, p. 130).

 

Vaya, “Su Azul”. Algo así como su “colega” Stan Lee que también escribió, pero en el Norte, “su Spider-Man”.

 

Mario Vargas Llosa y Octavio Paz, galardonados con el Nobel de Literatura, respetan el magisterio del extraordinario volumen: lo catalogaron, respectivamente, “Una revolución ´seminal´” y “fundacional” (Matus Lazo).

 

Pablo Antonio Cuadra exaltó: “La sorpresa de don Juan Valera al leer Azul…, es que el joven nicaragüense que escribe en Chile pareciera haber vivido en París” (Crítica Literaria, p. 166).

 

III

 

Lo más absurdo, amortiguado por la ignorancia publicada en el diario “El País” de España, es atribuir a la escritora Rosario Murillo el haber llamado a Rubén Darío, como si de una blasfemia se tratara, “Padre y maestro mágico, liróforo celeste”. Todos saben que el metapeño le rindió este homenaje al admirado Paul Verlaine.

 

Sergio Ramírez es uno de los tantos escritores que unge a Rubén con los versos dedicados al simbolista francés: “Si Rubén Darío, padre y maestro mágico, como él mismo diría de Verlaine en su magistral Responso, representó un hito para la poesía…” (Enciclopedia de Nicaragua, p. 350).

 

¿Por qué nadie cuestionó a Ramírez con esa malquerencia disfrazada de “crítica” a la “herejía” publicada en La Gaceta?

 

IV

 

A un señor Foster le “perturba” el decreto, dado que“insinúa” un “compromiso con una patria nicaragüense católica. “Dejando de lado el tema de cómo sería la confesión católica del autor de un poema como “Verlaine”, uno se pregunta en qué universo sociohistórico existe una Nicaragua fundamentalmente católica, como si no hubiera ciudadanos todavía adscritos a las prácticas religiosas indígenas y otras religiones”.

 

Pretendiendo “enseñar” otro Rubén, insiste que “la idea de una patria católica remite a una concepción histórica de la vida latinoamericana que, precisamente, la obra de Darío en su conjunto pretendía superar”.

 

Una tergiversación marinada en un yerro inútil.  La “Grandeza de Dios” del Decreto no habla de ningún Estado católico. Al contrario, Nicaragua es una de las naciones donde más se promueve la libertad de culto y se ofrecen las facilidades para las devociones multitudinarias.

 

José Jirón Terán, quien fuera un laborioso investigador de Darío, nos da esta cita de José Santos Chocano (1875-1934), al pie del poema Evangeleida: “Dedico este poema cristiano a Darío; porque tanto Rubén como yo tenemos la osadía, en estos tiempos de indiferentismo, de creer públicamente en Dios” (“Rubén Darío en la Academia”, p. 221; “La poesía de José Santos Chocano”, Roberto Meza Fuentes, p. 23, Prensas de la Universidad de Chile, 1935).

 

V

La proclamación del Año 2016 para celebrar a Darío, en el “Sol que alumbra, las Nuevas Victorias”, se origina “en el verso de la Marcha Triunfal “Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas”. No es un calco.

 

Pero así “clama” la escritora Belli: “Es inaudito, además, que esté escrito en un estilo gramaticalmente incorrecto: el abuso y arbitrariedad en el uso de las mayúsculas, no sólo viola las reglas de la buena redacción y ortografía, sino que confundirá a los jóvenes…”.

 

Hasta en eso hay síntomas del viejo infantilismo que dañó el país en los 80, cuando abundaban los cuadrados, y no los cuadros de verdad. No puede ser que valgan más las reglas ortográficas invocadas sin sentido, que la vida de los jóvenes, quienes no caían “gramaticalmente”, sino dramáticamente bajo una guerra “embellecida” de consignas: “¡Sin una juventud dispuesta al sacrificio, no hay Revolución!”.

 

El Decreto Presidencial incorpora otros regios aciertos de Rubén, mejor dicho, su lenguaje. Es parte del reconocimiento al aedo, por demás, un híbrido, como lo anota el gran intelectual Guillermo Rothschuh Tablada.

 

El pensante don Guillermo escribió en el prólogo a “Prosas Profanas”, mayo de 1983, que ese “hibridismo o mestizaje” fue advertido por Pablo Neruda y Federico García Lorca en su “Discurso al Alimón en Homenaje a Darío”, al recordar su “cabeza de Minotauro”. Lo alude también el insigne Octavio Paz: “Un híbrido no sólo por la variedad de influencias espirituales, sino por las sangres que corrían por sus venas: india, española y unas gotas africanas. Un ser raro, ídolo precolombino, hipogrifo (Cuadrivio)”.

 

Es que su fuerza impregna la vida tan redonda como es, y no es de asombrarse, salvo que seamos cuadrados, pues “la historia de Nicaragua es un rosario de acontecimientos y situaciones que pudiéramos llamar darianos…” (Crítica…, PAC, p. 165).

 

VI

La “queja” de los “hipersensibles” que ahora se consideran los “policías del idioma” como los llamó Gabriel García Márquez, es una prueba de que Rubén “no les ha amanecido”, como diría el profeta Isaías.

 

La colocación de un acento en el verbo “es” se le quiere marcar como pecado, por “castizos” que florecieron en enero, cuando no tiene más valor que el efecto de la entonación oral.

 

Sin embargo, si vamos a defender las palabras y “las reglas”, ¿por qué los “críticos” son muy consentidores cuando, por ejemplo, el novelista Sergio Ramírez se siente a gusto escribiendo Güegüense y no como debe ser: Güegüence?

 

El filólogo Pedro Enríquez Ureña estableció que la “S” no existe en náhuatl, “pero sí tres sibilantes parecidas, de larga tensión, que los antiguos gramáticos representaron con c, z, y tz”. Y así lo había escrito ya su recopilador Juan Eligio de la Rocha: El Güegüence.

 

El sonido tz, el Tzin náhuatl, es Ce en Castellano. Pero si toda esta tuerta “santa inquisición” es capaz de rasgarse las vestiduras por un acento o una coma, que no altera el idioma ni las sanas costumbres de la comunicación, ¿por qué no enciende otra hoguera mediática por la mutilación que sufre nada menos que nuestro Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad?

 

Vale, pues, esta respuesta de Gabo a Plinio Apuleyo, donde se expresa el espíritu dariano: “¡De las Academias, líbranos Señor!”:

 

Pero ¿a qué se debe, en tu opinión, esa división profunda entre el castellano que se habla y el castellano que se escribe?

 

-Me parece que eso se debe a que el castellano hablado anda por la calle, y en cambio al castellano escrito lo tienen preso desde hace varios siglos en ese cuartel de policía del idioma que es la Academia de la Lengua. Tratar de liberarlo, reduciendo cada vez más la distancia entre el castellano escrito y el castellano hablado, es una tarea en que debemos empeñarnos los escritores de lengua castellana, y en la que de hecho estamos empeñados los novelistas latinoamericanos. (El Nacional, Caracas, 30 de julio de 1972).

 

El académico Eduardo Zepeda Enríquez bien refirió “el triunfo de la eterna poesía sobre la dogmática de la ciencia del lenguaje” en su discurso del 7 de diciembre de 1964.

 

Rubén “fue consciente de ello”, y “sin rodeos”, expone en Dilucidaciones: “el arte de la ordenación de las palabras no deberá estar sujeto a la imposición de yugos, puesto que acaba de nacer la verdad que dice: ´el arte no es un conjunto de reglas, sino una armonía de caprichos´” (“RD en la Academia”, p. 116).

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