Opinión

Historia de lo repetido

Varios de los mejores peloteros nicaragüenses no recibieron el permiso para participar con la selección nacional en el Preclásico Mundial de marzo

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José A. Quintero |

La victoria de los Gigantes de Rivas en la Serie Latinoamericana de Béisbol nos hizo soñar. El éxito muchos lo vieron –me incluyo- como un rayo de luz que entró por la rendija de nuestras ventanas. Después de aquella medalla de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz, México, los resultados no fueron loables, más bien rozaron lo mediocre.

Cuba nos barrió en el tope amistoso en suelo caribeño y la actuación en la cita multideportiva de Toronto, Canadá, tampoco resultó meritoria. Aunque los nuestros pelearon siempre, válido resulta destacarlo, pero todo quedó ahí: mucha garra, poco juego, cero premios. Entonces, el título obtenido por los Gigantes del manager cubano Germán Mesa dejaba la mesa servida para buscar algo grande, digno de nuestro linaje beisbolero. Los ojos se centraron en el Preclásico Mundial.

Pero la historia se repite. Unos mandan, vestidos de trajes y sin sudor en la frente, y deciden con un gesto el futuro de unos pocos y la felicidad de millones. Desde ya, dejo claro que la batalla no se ha perdido, pero fuimos privados de tener a nuestro mejor lanzador. Y digo que la historia se repite, porque sucede en el fútbol, en el baloncesto, en el voleibol… deportistas que son tratados como mercancías, que no tienen poder en sus decisiones y no pueden representar a su propio país, la tierra que los vio nacer.

Hace apenas unas 72 horas, los dominicanos Robinson Canó y David Ortíz y el venezolano Miguel Cabrera no pudieron competir en el Derby de Jonrones de la Serie del Caribe 2016, en Santo Domingo, porque tampoco recibieron los permisos. ¿El argumento? Una posible lesión. Pretexto que nos lleva a un par de preguntas, ¿qué por ciento de probabilidad tiene un pelotero de lesionarse en una actividad que requiere un casi nulo gasto físico? ¿Podrá tener problemas físicos un deportista por extender sus brazos y hacer unos pocos swines grandes para sacar la redonda del parque?

En fin, Erasmo Ramírez, de los Rays de Tampa Bay, no podrá participar con su selección nacional en el Preclásico Mundial en Mexicali, México. Su organización decidió negarle el permiso, y, de paso, cerrar un poco la ventana de las aspiraciones para los pinoleros que respiran bolas y strikes.

Sin duda, tal decisión se recibe con la cabeza gacha. No existe otro modo. Duro porque perdemos a un pelotero de calibre, el mejor lanzador de la actualidad en el país, y más duro aún, porque resulta incomprensible que alguien no pueda defender y representar a sus connacionales en busca de proporcionar algo tan digno y noble como es la felicidad.

La historia se repite, porque lo anterior no es todo. Roniel Raúdez y Evertz Orozco, lanzadores de Ligas Menores con Boston y Atlanta, respectivamente, tampoco recibieron el permiso de sus franquicias. Tres balas que perdieron sus casquillos, de un único disparo.

Marvin Benard, entrenador de la selección, tiene desde ya su punto de inflexión. Los ajustes serán necesarios y el objetivo no debe variar. Todo o nada se juega en el venidero mes de marzo. La cita más importante del béisbol por naciones, el Clásico, se desarrollará en 2017 y Nicaragua toda desea ver a los suyos pelear como siempre y ganar como casi nunca. Antes hemos quedado eliminados, y solo nos queda ver si otra vez la historia se repite. En este caso, ojalá que no.
ros/jos

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