Opinión

22 de enero, el pueblo engañado y los “mezquinos apetitos” de la UNO

La Historia va siempre adelante y no por la fuerza de la repetición, sino por la creatividad de sus protagonistas

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Edwin Sanchez |

I

La Historia no se repite. Cada periodo aporta sus protagonistas, cada tiempo su debido pueblo, su juventud y sus tendencias en todos los órdenes.

Solo los que no se renuevan, los que mantienen una mentalidad rupestre, no logran descifrar el presente. Por eso se sienten desamparados ante el futuro, atormentados por sus propios demonios.

Nuestra época no es alumna de ninguna otra. Es cierto que hay enseñanzas, experiencias, y se deben tomar notas, pero de ahí a sacar una fotocopia completa de hechos superados y pretender “meter” de nuevo al país en el malhadado remedo de un acontecimiento histórico, es no comprender los procesos sociales, menos los de Nicaragua.

En ese extraño culto al irrevocable ayer, su demencial liturgia impone evocar ciertos pasajes reconstruidos como si fueran lecturas bíblicas, intemporales. Es lo que pasa con el 22 de enero de 1967, pero debidamente descafeinado, ocultando los abominables móviles bajo el engaño de que el único “malo” de la “película” fue Fernando Agüero Rocha.

Aquellos días, lugares y circunstancias ya nunca serán los mismos, comenzando por el contexto sociodemográfico: En 1967 la proyección del censo era de 1 millón 715 mil almas. Al empezar la década, el 50,2% era analfabeta (Estadísticas de Centroamérica, 2013). El 60% de la población era rural y desinformada. Hoy el peso urbano es mayor y mejor informado. El Banco Central reportó, en 2012, una tasa de alfabetismo de 97%. El PIB per cápita en 1970 era de US$367; ahora ronda los 2 mil.

Entonces solo existían dos universidades con el precario dato de 2 mil 69 estudiantes en 1968; dos canales de televisión para unos cuantos hogares. Las radionovelas de la Mundial barrían en audiencia. El país entero contaba con dos escaleras eléctricas y al menos tres ascensores. Río San Juan era zona de destierro y castigo, y se ignoraba la Costa, llamándola “Atlántica”, tan desconectada estaba de la nación.

Hoy el país supera los 6 millones de pobladores y por primera vez un ciudadano del Caribe, Francisco Campbell, es Embajador en el país más poderoso del mundo: Estados Unidos.

II

Embuste anual: “Más de cuatro décadas han transcurrido, pero las circunstancias en que se vive actualmente en el país parecieran ser las mismas de aquel fatídico 22…”.

Tal es el erosionado discurso de una minoría que se quedó dando vueltas en su propio desierto sinaítico. Son los que falsean la Historia y la tratan de achatar a su antojo y capricho.

Pero la Historia va siempre adelante y no por la fuerza de la repetición, sino por la creatividad de sus protagonistas. La sociedad no confunde la voz con el eco, la imaginación con la fantasía, el cambio con el estancamiento, el nuevo ciclo con el reciclaje, el original con la copia.

De ahí que el Sandinismo, conducido por el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, le lleve a la derecha una sideral ventaja de respaldo ciudadano por acelerar una evolución dentro de la Revolución: el Cristianismo humanizando el socialismo y el capitalismo, para sacarles la Solidaridad que separados, ninguno podría dar.

III

El mito de “la historia se repite” revela falta de visión y de verdad, y un desmedido exceso de falacia. Hoy prevalece un sistema democrático, donde las multitudes no hacen clic con esa derecha conservadora incapaz de presentarse como lo que es.

El 22 de enero el pueblo fue sacrificado por los dirigentes de la Unión Opositora, para empujar sus carreras políticas. Aquellos “líderes” salieron a las calles blindados por su clase, por su casta, y por si fuera poco, por la Embajada de los Estados Unidos.

El historiador Rafael Casanova resume: “los manifestantes marcharon sobre la Avenida Roosevelt, exigiendo la salida incondicional de Somoza, pero los intentos de conducir la marcha hacia la “Loma de Tiscapa”, en horas de la tarde, provocaron una brutal masacre…”.

“Apuntes de Historia de Nicaragua II”, cita que “En estos años, aunque en el seno de la oposición conservadora existían discrepancias debido a las desmedidas ambiciones de poder de sus dirigentes, logrará ir a las farsas electorales, de una u otra forma, unida”.

“La oposición conservadora, debilitada profundamente a raíz de los sucesos sangrientos del 22, no volverá de allí en adelante a movilizar al pueblo como lo hizo en los años inmediatos anteriores” (pp. 214-215).

Casanova escribió: “´A la victoria le sobran padres, pero la derrota es huérfana´. Esta expresión es válida para valorar el papel de los protagonistas de estos hechos. Porque, aun cuando se ha tratado de hacer recaer toda la responsabilidad sobre Agüero Rocha, no se revela que haya habido algún desacuerdo sustancial con el plan Agüero, por tanto, todos los dirigentes de la alianza UNO fueron responsables del fracaso del domingo 22 de enero” (24 enero 2013, El Nuevo Diario).

Con el penoso fin de no ir a fondo con lo que ocurrió aquella fecha, la derecha conservadora prefiere perpetuar el rito de distorsionar los hechos, intentando prefabricar una “realidad” a partir de un pasado mal contado.

En lo que menos estaban interesados, aquellos ídolos de barro de la UNO, era en la democracia. Jamás lo han estado. Solo eran autócratas en el círculo de espera, sin embargo “la seña” nunca llegó. Los Estados Unidos, al parecer, los probó en ese tiempo y no encontró a ningún demócrata genuino. Solo sed de poder.

La Unidad de Combate Juan José Quezada, del FSLN, en su Mensaje No. 2 del 27 de diciembre de 1974, lo dejó claro: “nuestro pueblo ansioso de cambios llegó a entregar generosamente su sangre para satisfacer, sin saberlo, los MEZQUINOS APETITOS DE LOS POLÍTICOS TRADICIONALES”. Además, quedó demostrada “la dualidad y el oportunismo de la izquierda tradicional”.

Adolfo Díaz Lacayo señala que los “líderes” refugiados en el hotel, a salvo de la Guardia, estuvieron “por unos días hasta que se les permitió salir GRACIAS A LA INTERMEDIACIÓN del agregado militar de la EMBAJADA DE ESTADOS UNIDOS en Nicaragua. Esta simple intermediación vino, como quien dice, a confirmar que la manifestación del PCN (Partido Conservador) había tenido la anuencia de la embajada norteamericana…” (Nicaragua, Gobiernos, Gobernantes y Genealogías, p. 689).

Esa es la Historia, no la historieta que cuentan.

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