Opinión

Asegurando el traspatio de la potencia imperial

La aparente lucha contra la corrupción en Guatemala no es más que el encubrimiento de una nueva estrategia de dominación de Estados Unidos en nuestra región

Bandera de Guatemala
Bandera de Guatemala |

Mauricio García |

El presidente electo de Guatemala, Jimmy Morales, asume este jueves sin una agenda política para su cuatrienio y, en consecuencia, ninguna propuesta de cambio para la crisis estructural de fondo en que vive el país, cuyos principales problemas han sido enmascarados con una intensa prédica contra la corrupción.

De esa manera, el mal estado de la nación centroamericana no es el resultado de determinantes estructurales, sino “de malas prácticas de políticos corruptos”.

A tono con ese guión elaborado en Washington, coinciden diversas fuentes, y puesto en práctica por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) de Naciones Unidas, presente en el país desde finales de 2007 y verdadero poder tras bambalinas, Morales hizo de la frase “ni corrupto, ni ladrón” el lema de su campaña.

Para este empresario de los medios, cuyo personaje “Neto” en el programa “Moralejas” hizo mofa de negros e indígenas, según sus críticos, y por demás un “outsider” en política, su falta de propuestas de cambios se ajusta a la estrategia estadounidense de recuperar el control sobre su “traspatio latinoamericano”, acusando de cohecho lo mismo a tirios que a troyanos.

El garrote está escondido y la zanahoria es, en este caso, un llamado “Plan Alianza para la Prosperidad” para revitalizar la economía y frenar la emigración en los tres países que componen el Triángulo Norte Centroamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala) a los cuales se destinarían 20 mil millones de dólares en un futuro venidero.

Lo ocurrido en Guatemala en el último año, cuando los poderes fácticos (Estados Unidos y la Cicig) derrocaron a la cúpula gobernante encabezada por el presidente Otto Pérez Molina, acusándola de corrupta, mostró la nueva estrategia estadounidense del “roll back”, la deposición de dirigentes molestos sin golpes de Estado, ya aplicada con éxito en Argentina, y en ensayo en Brasil, Ecuador y Venezuela.

De acuerdo con diversos estudios, no existe en parte alguna una lucha real contra la corrupción, porque el capitalismo financiero global de nuestros días es corrupto por naturaleza.

En el caso de Guatemala, la denuncia de este delito, sistematizada por la Cicig, ha calado hondo en la población, hastiada de violencia, de tanta impunidad en las relaciones sociales, del racismo entronizado en la sociedad, en particular contra los pueblos originarios, de la desigualdad social y del empobrecimiento creciente de la nación.

A la corrupción se le atribuyen todos los males de una sociedad en la que apenas el 2 por ciento de la población detenta el 80 por ciento de la superficie cultivable, en un país eminentemente agrícola y donde la pobreza alcanza al 79 por ciento de 15,8 millones de habitantes.

Según el informe Trabajo y Desarrollo Humano 2015 de Naciones Unidas, en el que Guatemala ocupa el lugar 128 de los 188 evaluados, el 70 por ciento de los empleos en la nación centroamericana son informales, lo que implica precariedad, falta de protección e inestabilidad.

Las mujeres, en 93 por ciento empleadas como domésticas, reciben muy bajas remuneraciones, cuando las cobran.

El salario mínimo de 2,500 quetzales es inferior al costo de la canasta básica (3,800 quetzales), según el Banco de Guatemala; otras fuentes indican que ni siquiera ese básico se cobra en el 80 por ciento de los casos en el campo y en 50 por ciento en las ciudades. Un cuarto de la población es analfabeta.

A Jimmy Morales le espera además disponer el enfrentamiento a los efectos del fenómeno climático de El Niño, que compromete la seguridad alimentaria, en particular de la población vulnerable (13,304 casos de desnutrición infantil en 2015, cuando murieron 149 menores de cinco años por esa causa).

Su elección, coinciden analistas, resultó del voto de castigo de los electores (73 por ciento en primera vuelta y 67 en la segunda) contra los políticos tradicionales.

Ese rechazo, que algunos politólogos atribuyen a un sentido de autopreservación ciudadana, obstaculizó el intento de la administración de Barak Obama de conservar el status quo con políticos de viejo cuño como Manuel Baldizón, a final de cuentas acusado también de cohecho y a quien las masas coreaban “¡No te toca!

Aún así, la población no las tiene todas con Morales, de cuyas relaciones con militares golpistas que integran su partido Frente Convergencia Nacional (FCN- Nación) albergan dudas razonables.

Es algo, por demás muy bien oculto, cómo este “newcomer” (recién venido) en política ocupó la secretaría general del FCN en apenas dos años tras una fallida candidatura a la alcaldía de Mixco, un barrio de Ciudad de Guatemala, en 2011.

De ahí que para el mismo día de la asunción, este jueves 14 de enero, los sectores sociales protagonistas de las marchas contra la corrupción de abril a agosto pasados, se hayan dado cita mediante las redes sociales para patentizar al nuevo mandatario su decisión de mantenerse alertas.

Estas variopintas fuerzas prometen velar los pasos de la nueva administración: “estaremos vigilantes y cada vez más organizados”, advirtieron a través de las redes sociales.

Para el 16 de enero, dos días después, una nueva convocatoria para la Plaza de la Constitución pretende reeditar las marchas históricas de 2015 al llamado de “Justicia Ya”, e incorporar un nuevo tema: el rechazo al salario mínimo diferenciado, impuesto por el presidente interino Alejandro Maldonado el pasado 30 de diciembre, pese a ser impugnado por erróneo, discriminatorio e inconstitucional.

noa/mau

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