Opinión

COP21: un acuerdo vital contra el cambio climático

El texto de la Cumbre Climática de París tiene carácter vinculante por lo que sus firmantes están obligados legalmente a cumplirlo

José A. Quintero |

Cambio ClimáticoLa vigesimoprimera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático resultó uno de los grandes cónclaves del 2015. Su mejor resultado era garantizar un convenio justo, con la presencia de la voz de todos respecto al futuro del planeta Tierra, porque en el encuentro estaba en juego la especie humana.

Llamada en breve COP21, la Cumbre del Clima en París buscaba de inicio la consecución de un compromiso vinculante y definitivo para la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera a partir del año 2020.

Será entonces cuando concluya el Protocolo de Kyoto, el cual aún marca un recorte en las emisiones de CO 2 del 15 por ciento para los países firmantes con respecto a lo emitido en 1990.

Del 30 de noviembre al 11 de diciembre pasado, 195 países se reunieron en la capital francesa con el objetivo expreso de limitar, además, la emisión de gases de efecto invernadero y poner límite a la amenaza de cambio climático.

La comunidad internacional pensaba sobre un nuevo acuerdo para atajar el calentamiento desencadenado por el hombre con sus emisiones desmedidas al medio ambiente.

En primera instancia, las negociaciones se centraron en un plan lo más ambicioso posible en busca de dar un paso contundente. Después de la presentación del borrador, los ministros de los estados asistentes a la cumbre se reunieron para estudiar el texto antes de ser llevado a la plenaria.

Buscar la diferenciación en la asunción de responsabilidades en cuanto a las naciones desarrolladas y determinar claramente los términos de financiación a los países en vía desarrollo resultaron dos aspectos abordados detenidamente.

Tras dos semanas de trabajo e intensos debates, llegó finalmente un acuerdo contra el calentamiento global. El pacto fijó techo a las emisiones de gases de efecto invernadero y establece un sistema de financiación.

Asimismo, quedó clara la meta de lograr que el aumento de las temperaturas se mantenga por debajo de los dos grados centígrados y compromete a los firmantes a realizar esfuerzos para limitar el alza de las temperaturas a 1,5 grados en comparación con la era pre-industrial.

En busca de acatarse a las reglas establecidas, las naciones debieron ratificar que cada cinco años fijarán sus objetivos individuales para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

En este sentido, de los 195 países asistentes a la cumbre, solo restan nueve por hacer dicho plan y delimitar sus emisiones.

Además, “el primer pacto universal de la historia de las negociaciones climáticas”, según lo denominó el presidente francés, Francois Hollande, establece que los estados ricos seguirán ofreciendo apoyo financiero a los territorios más pobres para ayudarles a adaptarse a los efectos del cambio climático.

El documento no recoge ni hace alusión a las cuotas específicas, sin embargo, previamente los países más poderosos se habían comprometido a otorgar 100 mil millones de dólares  anuales en financiamiento hasta el 2020.

No obstante, se señala como punto negativo el hecho de que no se incluyeron sanciones para aquellos que no ejecuten sus responsabilidades.

En sentido general, todos mantuvieron una postura correcta y quedaron satisfechos con los resultados alcanzados en COP21. Uno de ellos, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, calificó de “histórico” el texto final redactado.

Dicho documento refirió que todos los presentes en París están conscientes  de que “el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta y, por lo tanto, exige la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada”.

Sin dudas, el pacto abre un camino, pero no es la meta, como resaltaron los negociadores. Los esfuerzos que hay ahora sobre la mesa no son suficientes para impedir que el aumento de la temperatura a final del siglo se mantenga por debajo de los dos grados.

Al final, la ciencia habló y dejó claro que de continuar lanzándose a la atmósfera los contaminantes conocidos como gases de efecto invernadero, el cambio climático es inevitable que se produzca, y será precisamente por la acción de los seres humanos.

Aunque los acuerdos llegaron y el mundo miró hacia un mismo lado, no hay dudas de que el daño ya está, es irreversible y solo queda  no continuar dañando lo que ya está dañado.

noa/jos

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