Opinión

Cuando Nicaragua llegaba hasta Acoyapa y San Juan quedó sin Norte

No es cierto que con el advenimiento del Gobierno Sandinista “comenzaron las tensiones” con la vecina del sur

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Edwin Sanchez |

Y San Juan del Norte pasó a llamarse San Juan de Nicaragua, sin que la ciudadanía del municipio fuera consultada hace más de 13 años. Así funcionaba la “democracia” en manos del neoliberalismo.

Fue la decisión de un tuerto nacionalismo que, sin mirar el abandono secular de la esquina sureste de Nicaragua, perdió sus amagos de bondad para degradar en petardos patrioteros.

Fue el 9 de agosto de 2002. Entonces se emitió la Ley número 434, firmada por el efímero presidente del Parlamento, Arnoldo Alemán, y sancionada por el presidente Enrique Bolaños. De un plumazo barrieron lo que los siglos construyeron desde 1538 en esta bella costa del Caribe, tan castigada por piratas, fragatas, arrogancias imperiales, guerras… y democracias bananeras.

El tema del Río San Juan volvía a la palestra, como un fantasma cíclico, empujado por los sentimientos arrebatados de Costa Rica. Hasta entonces nos acordábamos de su precaria existencia, pero Nicaragua llegaba a duras penas hasta Acoyapa en 2006. Lo demás solo estaba pintado en el mapa.

No es cierto que con el advenimiento del Gobierno Sandinista “comenzaron las tensiones” con la vecina del sur. La inapropiada disolución de su antiguo nombre habla por sí sola de que estos desencuentros son de vieja data y no precisamente por “culpa” del FSLN.

Cuatro años después de emitida la Ley, el ruido de los discursos encendidos, artículos, pintas en las paredes e insistentes cintillos en la TV, no armonizó San Juan del Norte con el resto de Nicaragua.

Los diputados y algunos dueños de medios pensaron que con eliminar el “Norte”, para engancharle “Nicaragua” a la Greytown con que rebautizaron los ingleses al puerto, asunto arreglado.

Así, el burocrático remedio desde la capital acabó terminando peor que la enfermedad, porque le anulaban a San Juan, el Norte de su razón de ser bien resumido en el punto cardinal superior. Más aún, hasta arrasaron de nuevo con el poblado, en la División Político Administrativa, cambiándolo por GRAYtown, según consta en los archivos legislativos. ¡Tanto conocían de historia los “padres de la patria”!

De España

Gracias a Dios, en varias ocasiones tuve el privilegio de remontarme por las aguas del Río por donde navega nuestro pasado y presente, hasta llegar al Caribe, y de allí, enderezar un poco a la izquierda, donde estaba la gran corona del viaje: la Bahía magnífica de San Juan del Norte.

Llamar “de Nicaragua” a un municipio o cualquier localidad de nuestro territorio nacional es llover sobre mojado. Porque Jinotega es de Nicaragua, como Ochomogo también lo es.

Sí son válidos los argumentos del actual Parlamento que ratificó el nombre de “Río San Juan de Nicaragua”, conocido así cuando se firmó el Tratado Jerez-Cañas en abril de1858. Mas no es de celebrar el reciclaje del yerro cometido contra San Juan del Norte, tomándolo como “fundamento” para el dictamen del decreto aludido (14 de febrero 2013).

Semejante desaguisado de 2002 conspira además contra los anales de nuestra nación, con nuestra geografía, tanto que causa un daño tangible sobre todo cuando Nicaragua empieza a posesionarse en el turismo mundial. Es como una mutilación de nuestra realidad histórica.

Recordemos, los océanos fueron considerado por los españoles como dos grandes mares: la Mar del Sur y la Mar del Norte. El Pacífico y el Atlántico, extendido a nuestro Caribe.

Carlos de Austria, el Rey Carlos V de España, escribió a Hernán Cortés, en 1525:

“Y porque soy ynformado que en la costa abaxo de essa tierra ay un estrecho para passar en la Mar del Norte a la Mar del Sur, e porque a nuestro servicio conviene mucho savello…”.

El historiador José Dolores Gámez, precisa: “También durante la administración de Pedrarias (Dávila) se hicieron, aunque sin éxito, reconocimiento del río del Desaguadero o San Juan del Norte”.

El noreste y suroeste constituyeron las alas timoneras del vuelo de Nicaragua al mundo. Ambas estaban adornadas por dos señeros poblados de nuestra historia, con el mismo nombre, y cada uno ubicado frente a su mar: San Juan; uno en la Mar del Sur –San Juan del Sur– y el otro en la Mar del Norte –San Juan del Norte–. No solo eso, los dos nacieron como puertos con espléndidas bahías. ¡Son hermanos gemelos!

Recuerdo que en cierta noche de marzo, de 2006, pasada las 7 pm, en la casa del alcalde no había iluminación, pero desde las sombras apareció con un foco de luz macilenta que terminaba de desdibujar su rostro.

César Bernardo Collado se apagó más con la decepción: “Nos dieron el gacetazo”. Así reconocía la manera en que el Estado de Derecho se respetaba en esos años, cuando les cambiaron el nombre que la historia les concedió, sin preguntarle a la ciudadanía si estaba de acuerdo.

“Tenemos un mes sin el abastecimiento de energía eléctrica. El sistema que tenemos en San Juan de Nicaragua es el sistema de energía a través de (una) planta aislada de ENEL. Con este sistema hemos encontrado que no hay oficina alguna que responda hasta ahora del desabastecimiento”.

Para los oficiosos “apóstoles” de Bolaños que actualmente predican el “crecimiento económico”, la “fluidez” de la cooperación internacional, las relaciones “correctas” con Estados Unidos, prácticamente la restauración del Paraíso terrenal en ese periodo, la pregunta es: ¿Qué pasó con San Juan “de Nicaragua”?

“En realidad, somos San Juan del Olvido”, me dijeron unos frustrados ciudadanos. Es que no existía un sentido de nación.

Nada que ver ahora, 10 años después. Si se quiere apreciar el desarrollo del país, impulsado por el presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, ya no basta con el Pacífico: nada menos que a 470 kilómetros al sureste de Managua se encuentra el pueblo que ya forma parte de Nicaragua: no en el papel ni en el discurso seudonacionalista, sino en la vida real a como Dios manda.

Hay luz, un modernísimo aeropuerto, una gente sin par, que quiere el ingreso de más turistas a la región donde se halla, casi en estado puro, la Reserva Biológica Indio Maíz.

Por simetría, por ubicación geográfica, por identidad, por toda la cultura implícita, San Juan del Sur no debe quedar solo en el mapa. Se pierde el equilibrio, se extravía el concepto y el visitante se lleva una visión cercenada del país.

De ahí la importancia que los legisladores del Frente Sandinista y de las otras bancadas, todos nicaragüenses, le hagan justicia a la Historia.

Si ya conoces San Juan del Sur, ¡te falta completarlo con San Juan del Norte! Si no, aún no has conocido Nicaragua.

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