Opinión

¿Quién teje la Historia con hilos humanos?

Nunca la Historia marchó al garete. El azar no funciona a tan elevadas alturas ni tampoco por la sola voluntad de los mortales

hilos
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Edwin Sanchez |

I

Nunca la Historia marchó al garete. El azar no funciona a tan elevadas alturas ni tampoco por la sola voluntad de los mortales. De veras se requiere ser un artista consumado para no dejar ver sus huellas en esta obra monumental a través de fuentes inferiores. Por eso se atribuye a héroes, próceres, reyes, imperios, presidentes, primeros ministros…

O a la “concepción materialista de la historia”, esa misma que sobre la “formación económica social”, su “modo de producción”,  la “generación material de bienes”, “división del trabajo”, “intercambios”, el tipo de sociedad que engendra  y sus “contradicciones”, comprime en “productos teóricos” la religión, la filosofía, concepciones sociopolíticas y jurídicas, la moral… A la lista anterior se agregan así los partidos comunistas del siglo XX

Pero ningún PC aplicó el software de Marx. Subieron al poder a como pudieron. Mengua de sentido común es tratar de embutir a un país en paradigmas europeos del siglo XIX. Resultado: desastre económico. Endiosamiento. Las famosas “masas” no hicieron click con su “Vanguardia iluminada” y ya sabemos el resto.

II

Hay otros que apuntalan su propia narrativa absoluta. Especialistas del artificio, se consideran la verdad inapelable.

Visten su sistema de los más hermosos conceptos que logran calar en el alma de los que nacieron para ser eco: “democracia”, “institucionalidad”, etc., pero nada de esas liturgias satisface tanto al dios Mercado como su principal culto: el sacrificio de la misma Tierra con todo y sus razas, al ofrecerle como holocausto de olor grato el CO2, el óxido nitroso (N2O), los clorofluorocarbonos, CFC…

¿Dónde están los instrumentos de la cacareada “independencia de poderes” que vaya a exigir a los faraones de una Corporación cesar sus infernales operaciones que destruyen la protectora Capa de Ozono?

¿Cómo hablar de derechos humanos cuando el mundo entero ve cómo le desmantelan su aire puro, su atmósfera, sus bosques, su agua potable, sin poder decidir lo contrario, votar por otro rumbo o elegir una opción menos envenenada?

¿Hasta dónde llegará el cinismo de hablar de las bondades de la democracia, cuando a los pueblos de nuestra región se les niega el derecho a sus viejas estaciones lluviosas, sus ciclos agrícolas completos, sus canículas exactas, los otrora infaltables cordonazos de San Francisco, los puntuales fríos de diciembre?

III

No se trata de un “Cambio Climático Made in Ningunilandia”. Es el Efecto Invernadero del capitalismo despiadado. Si en realidad la Democracia y los “pesos y contrapesos” fueran reales y no el incienso cívico para aromatizar la Dictadura Perfecta de Mercado, millones de pobres no tendrían, además de la exclusión social y económica, la miseria tatuada en su cuerpo con perniciosas enfermedades.

¿La mal llamada democracia no termina acaso donde empieza el poderoso lobby para proteger los intereses económicos de grupos industriales, responsables de la intoxicación global?

Los semidioses del capitalismo, en su fase irresponsable, aprovechan la “democracia” para reproducir sus excesos babilónicos y hasta ondean orgullosos sus “exitosas” biografías como banderas limpias del “mundo libre”.

Estas élites no se someten a procesos electorales ni consultas; no son candidatos de nada porque en la punta de esta nueva desafiante Torre de Babel que trata de tocar el cielo, no hacen falta las reglas más que para arreglar la base que lo sostiene. No existen ciudadanos, solo consumidores o víctimas. Es el Estado de Derecho de los geocidas: la Torre es más poderosa que todas las Cumbres de la Tierra.

Son los que mandan y financian las democracias de papel y han contribuido generosamente a “apoyar” campañas presidenciales de efecto invernadero.

En los últimos tiempos, Al Gore y Barack Obama cometieron la herejía de no comprometer sus carreras por la Casa Blanca a esas divinidades del mercado: en el “reino de la democracia”, a uno le robaron las elecciones gracias a la “independencia de poderes” controlada por el hermano del candidato Bush; el otro es insoportable para la élite conservadora.

Si en el relato marxista, monotemático además, el malo de la película siempre es el “imperialismo”, en este de la “democracia”, su exagerado catálogo de archienemigos estilo Marvel resulta muy seductor para su prensa, porque siempre hay que inventar al “malo de turno”: el “comunismo”, el “eje del mal”, los “partidos progresistas”, los “ayatolas”, las “izquierdas”, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América  y últimamente “Podemos” de España.

IV

Pero, al final, ¿quién mueve los hilos humanos de la Historia?

Muchos actos de los hombres son permitidos. Es el libre albedrío. Las posiciones y disposiciones corresponden a los humanos. Pero Dios no es responsable de una pésima decisión. Y a su tiempo, que no es el de los vivientes, interviene.

Tampoco es el padre, aunque lo presenten así en el terreno religioso, de milenarias equivocaciones magistralmente construidas. Mucho menos que meta las manos al fuego por los egos de algunos que desde los altares se creen la banda sonora de Dios.

No, el Eterno responde por los que le aman y siguen con sinceridad. Ha querido humanizar la humanidad con el cristianismo.

Está probado que el hombre sin Dios llevó al socialismo y al capitalismo a derrapar en extremismos fatales. Las izquierdas cambian, pero ¿las derechas están dispuestas a dar ese mayúsculo paso o la soberbia se los impide? Lo esencial es el amor al prójimo. La solidaridad, pues.

Dios en su soberana voluntad actúa a través de los acontecimientos.  Veamos una ilustración. El libro de Daniel como el resto de la Biblia, fue considerado por los marxistas de Europa Oriental “leyenda hebrea” o “fábulas judaicas”. Pero la mitología soviética se derrumbó y la escritura del profeta permanece:

“…Él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

“Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y Él puede humillar a los que andan con soberbia” (Daniel. 4:35-37). Los ejemplos, antiguos y modernos, sobran.

Alguien ha detenido la destrucción de nuestra casa común. Y el mundo es nuestra Causa Común donde no debemos ser hallados falsos como el rey Balsasar. Porque Dios es la Historia. Así lo comprobamos cuando el representante del Imperio Romano hacía gala de su poder frente a Jesús:

“¿No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?”. El Redentor ubicó a Pilatos: “Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no se te hubiera dado de arriba”.

En las manos del de Arriba también está Nicaragua, en especial ahora que entramos a un año electoral.

Él ha permitido que el Frente Sandinista, con el comandante Daniel Ortega, haya contado con una segunda oportunidad sobre la Tierra para superar los desaciertos de comandantes, vicepresidente y cuadros políticos de los 80. ¿Por qué?

Él sabe lo que hay en cada corazón. No lo olvidemos: “…el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien Él quiere” (Daniel 4: 32).

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