Opinión

Salud, Libertador

En el 185 aniversario de su paso a la inmortalidad

Simón Bolívar
Libertador Simón Bolívar | Internet

Manuel Segovia |

Solo la tuberculosis, a los 47 años, logró lo que no pudieron lograr ni el plomo ni el sable. Tampoco cuentan, porque no alcanzaron para vencerlo, las innumerables dificultades que tuvo que sortear durante toda su vida.

Para comprender a este hombre sudamericano enumeremos algunas de ellas: huérfano de padre en la tierna infancia. Luego, huérfano también de madre apenas a los 9 años, se queda con el abuelo y sus otros tres hermanitos. Pero el viejo patriarca fallece unos meses después. Así que termina bajo la tutela de un tío ambicioso de la herencia de los pequeños,  un tanto déspota, por lo que se rebela huyendo de la casa.

Con 12 años es puesto a disposición de un juez, quien ordena que vaya bajo la tutela de un señor: don Simón Rodríguez. Es este otro Simón, que le toma cariño,  quien le inculca los ideales de libertad e independencia. Como descendiente de una familia acomodada, comienza el pequeño su carrera militar, y al año siguiente el rey Carlos IV aprueba su nombramiento como subteniente de las Milicias de Infantería.

Imagínense en aquella época con dificultades en las comunicaciones al joven Bolívar, de 16 años, emprendiendo un viaje a España, pasando primero por México. En la metrópoli, junto con su tío, recorre algunas ciudades y, mientras, va estudiando e interesándose en la teoría de las artes militares.

Allí conoce a la adolescente y bella María Teresa Rodríguez, de quien se enamora y con quien pretende casarse y se casa, no sin antes cambiar de ciudad varias veces yendo tras ella. Resulta que su futuro suegro no aprobaba el noviazgo y ponía entre los jóvenes, cada vez que podía, kilómetros de por medio.

El matrimonio que tanto esfuerzo le costó apenas duró un año. La muerte, en forma de fiebre amarilla se llevó en cinco días a la joven desposada que quedó yerta en su lecho en la ciudad de Caracas, adonde habían viajado para residir.

De vuelta a Europa para olvidar el dolor, viaja a Italia con su mentor y su ex suegro. Napoleón Bonaparte se autoproclamaba dueño de Italia en aquellos días dando la espalda al halo republicano que alguna vez rodeó sus intentos de gobierno europeo. Es cuando el 15 de agosto, en el Monte Sacro jura, ante estos dos hombres, hacer todo lo que esté a su alcance para lograr la independencia de su patria.

Viajes, esfuerzos por reunir a campesinos, militares y jóvenes con ideas independentistas, reuniones, traiciones, cambio de bandos de antiguos compañeros de ideales y de armas, intrigas, intentos de asesinato, más viajes, promesas incumplidas, desmoronamiento de la moral de su tropa, abandono de sus soldados y oficiales, intrigas, desamores, desprecio y hasta exigencias para que abandone su tierra natal es parte del via crucis personal del hombre que soñaba con la unión de la América.

Así y todo llegó a la cima. Liberó pueblos, conquistó la independencia de vastos territorios, expulsó para siempre a España del continente, fundó naciones, dio gloria a otros héroes. Ahí están José de San Martín y Antonio José de Sucre, que  brillaron a su lado y también con luz propia.

Pero no estaba la América preparada para administrar su propia libertad y mucho menos unirse. Egoísmos, rencillas, ansias de poder, nacionalismos y errores personales de los caudillos, que antes lucharon por la libertad y la unión, desunieron lo que apenas lo estaba.

Bolívar, que más de una vez fue proclamado a viva voz y meritoriamente reconocido como El Libertador, se resintió en su cuerpo las durísimas campañas a pie y sobre corcel por la cima de los Andes, por pantanos y selvas, entre brumas,  fríos y aguaceros.

Pero lo peor es que también se había resentido en su espíritu a pura y tanta traición y renuncia de todo el ideal de unión por el que había luchado. En Venezuela le quieren fuera del territorio. Unos pocos amigos, sin embargo, le ruegan que se quede. Mas el decide marchar a Europa.

De camino a embarcarse su salud empeora. El golpe de gracia le viene con la noticia de la traición que sufre su hijo del alma, el Mariscal Sucre, en la que sucumbe asesinado. Ya no desea  nada más.

En la finca de un amigo, en Santa Marta, actual Colombia, partió de este mundo el 17 de diciembre de 1830 Simón Bolívar, el Héroe de América. Porta su propia luz allí, desde donde mira con mirada de padre a sus hijos de América, que esperan que regrese a cada momento. Así que, a 185 años de su último viaje, no ha muerto. Salud, pues, Libertador!

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